
Autor: DimitriHardcore
Sucede, que a veces, uno sabe perfectamente que la película que va a ver es una castaña. Sucede, que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Sucede, que El Día de Mañana no es una película de catástrofes, es una película catastrófica, un bodrio colosal, un atentado contra el cine. Roland Emmerich ya era conocido por sus películas catastóficas como Independence Day (resulta que ser el director de esta mierda patriotera, es ser un director de prestigio) y Godzilla, en la que un enorme monstruo siembra el pánico en Nueva York. También hizo Stargate, que aunque era una peli del montón, al menos era entretenida.
Ahora el amigo Emmerich (alemán que se siente americano), nos trae El Día de Mañana, en la que vuelve a sus aficiones más calenturientas. Es decir, muerte, destrucción, gritos, gabientes de crisis por parte del gobierno, y sobre todo vuelve a ofrecernos su mayor pasión: destruir Los Angeles y Nueva York lo más vistosa y cruelmente posible. Porque este loco sólo se dedica a eso, a rodar filmes en las que todo Cristo muere, en la que quedan 4 supervivientes (americanos por supuesto), y en los que la ciudad de Nueva York sale mal parada, ya sea por una invasión alienígena, un dinosaurio de 40 metros que va destrozándolo todo, o como en este último caso, la llegada inesperada de una nueva era glacial. Como dice Oso55, el Emmerich el día 11 de septiembre de 2001, se estaba pajeando delante del televisor: ¡Oh sí, las torres gemelas destruídas, me corrooooooooooo, ahhhhhhhhhhhhhh!
Pero vayamos por partes, empecemos por el ¿argumento?. Un climatólgo, o científico o lo que sea (Dennis Quaid), predice en una reunión sobre el comportamiento del clima en Nueva Dheli, que o cesan las emisiones de gases nocivos a la atmósfera, o el derretimiento de los polos ocasionaría una nueva era glacial, para dentro de unos 100 años. Por supuesto el vicepresidente de Estados Unidos le lleva la contraria, diciendo que eso son gilipolleces y que por encima de los seres humanos está el dinero (¿os suena esto de algo?, ¿Irak quizá?). Pero otro científico presente en la reunión (Ian Holm, sí Bilbo jeje) no se toma a cachondeo lo que dice Quaid, y se hacen coleguillas.
Por otro lado están la mujer y el hijo de Quaid (Jake Gyllenhaal, el protagonista de Donnie Darko). Ella es una enfermera que trabaja en un hospital, y el hijo es un salido que se va a Nueva York a una competición de estas de empollones que hacen en los colegios, para ver quien es el más listo. El caso es que el nene, que se supone tiene 17 años, va al viaje con un negro sabiondo insufrible, que el espectador deseará que muera en cada toma, y un chocho por el que Gyllenhaal suspira. Los tres se van a la Gran Manzana al concurso de los cojones. Esto no es más que una excusa para que salga Nueva York, y poder destruirla a gusto.
Las predicciones que hizo Quaid, por supuesto son ciertas (¿alguien lo dudaba?), pero se equivocó en la estimación, es decir, que no sería en 100 años, sino que la glaciación empieza en ese momento.
Y eso es todo, a partir de ahí comienza el festival de los efectos especiales, y vemos como se destruye Los angeles debido a unos inmensos tornados (la muerte del periodista es apoteósica), o como Nueva York se inuda hasta parecer el parque acuático más grande jamás visto. Que si tormentas, huracanes, tornados, bla bla bla. Coñazo, es lo que esta mierda, un puto coñazo en el que durante dos horas y cuarto, sólo vemos destrucción, caos y muerte. Luego el Gyllenhaal, como es muy listo pues se mete en una biblioteca y allí sobreviven como pueden, quemando libros para entrar en calor. Atención a cuando (no se sabe cómo), con los sótanos inundados el chaval consigue llamar desde una cabina, usando no sé qué técnica rara. Por supuesto la chica ya se empieza a fijar en él, ante tales heroicidades. Dennis Quaid, que es un padre responsable decide ir a Nueva York a buscar a su hijo, (por supuesto el conflicto padre e hijo no falta, en plan: "No estás en casa lo suficiente, trabajas demasiado" y esas movidas.
Lo más gracioso es la pequeña crítica que tiene hacia los países ricos. Se supone que la glaciación sólo afecta al hemisferio norte, salvo a México que ahora resulta que está en el hemisferio sur según Emmerich. Pues bien, el presidente sale diciendo: "Perdono la deuda a todos los páises latinos si reciben inmigrantes americanos". Por cierto que el presidente como en Independence Day, es un hombre noble y valeroso que se queda hasta el último momento en la Casa Blanca, y muere congelado. Qué creíble. Ahora resulta que si eso pasara, el Bush se iba a quedar ahí en vez de coger el Air Force One e irse a Guatemala, en fin, ciencia-ficción.
Lo realmnte apoteósico de la nueva edad de hielo que afecta al hemisferio norte, es que vemos como toda Europa se congela excepto la Península Ibérica (bien por nosotros). Ahora me pregunto: ¿desde cuándo España y Portugal son un paraíso tropical?. Y lo más gracioso es que se respetan las fronteras, es decir, que se congela el sur de Francia, pero el norte de España no, ¿entendéis lo que digo?, imaginadlo y os descojonaréis de risa.
El guión deja claro que todo es una excusa para los efectos especiales hechos por ordenador. Los seres humanos están de más, con lo que Emmerich podía haber usado chimpancés y aseguro que no se notaría la diferencia. Lo juro. Eso sí, el gran argumento nos deja perlas como Quaid saltando un boquete de 5 metros, o la impagable escena del barco. Resulta que el hijo está en la biblioteca, y como la piba está herida de la pierna, necesitan medicinas. Hay un barco ruso encallado en el hielo (en pleno Nueva York) y deciden ir él, el negro insufrible, y el pijito que se quiere follar a la tía, pero como es un buen tipo, ve que Gyllenhaal está enamorado de ella y le dice: "Dile lo que sientes". Enternecedor. El caso es que se meten en el barco y encuentran penicilina, (lo que buscaban), y de paso comida. Pero claro, las cosas no pueden ser tan fáciles, y una manada de lobos hambrientos, se meten en el buque y comienzan a perseguirles. Ni que decir tiene que los lobos están hechos por ordenador, de manera, a mi juicio, lamentable. Como parodiando a los velocirraptores en Parque Jurásico, los lobos son muy inteligentes (casi saben abrir puertas). Pero aún así nuestros valerosos amigos salen indemnes de tan horrible experiencia. Esta escena era la adecuada para que el negro pesado de los cojones hubiese muerto de una puta vez, pero nos quedamos con las ganas. Y van...
La mujer de Quaid por supuesto también es una mujer valiente y honrada (qué gran familia), y decide quedarse en el hospital, cuando ya se han ido todos, esperando una ambulancia para un niño enfermo de cáncer, al que se niega abandonar. Sí, la ambulancia llega.
La dirección del alemanoamericano es decente, queiero decir que son planos normales (excepto alguna cutre-ralentización), pero es que lo de este hombre no tiene límites. Para empezar se copia a sí mismo. Se puede decir sin problemas que esto es Independence Day versión catástrofe natural. Nsda más empezar la peli, ya sabemos que estamos ante un subproducto de este director. Recuerdo que en los títulos de crédito, en plan de coña le comenté a mi colega Tetsuo (es su nick en internet), "Jajaja ¿te imaginas que ahora sale un plano de una bandera americana ondeando en el viento?". El grito que llegó a continuación se oyó hasta en Alaska, cuando, efectivamente, la bandera aparece delante de nuestros ojos.
Como iba diciendo esto es una copia barata de Independence Day. Me gustaría que recordaséis, los planos de las naves en el cielo de Los Angeles y de Nueva York. Plano aéreo de la calle, colapsada de coches, gente huyendo y gritando. ¿Y recordáis cuándo sale el rayo, y salen los típicos del coche con cara de bobos, huyendo mientras el fuego se acerca? Sustituid el fuego por el agua, y ya tenemos El Día de Mañana.
Otro punto destacable es el paralelismo que se puede establecer entre el personaje de Quaid y el de Jeff Goldblum en ID4. Ambos son científicos, ambos predicen lo que va a pasar, a los dos les dan por culo los políticos pasando de ellos, hasta que llega el momento en que la Casa Blanca los reclama, y deben ir a ayudar. Ambos tienen problemas familiares, uno con su hijo, y el otro con su ex-mujer. Al menos, en esta el Quaid no puede luchar contra la naturaleza, mientras que el otro con un virus informático (con el ordenador enchufado en la red extraterrestre) les cuela el virus y adiós problemas. Además la peli se parece en lo típico de los nstitutos científicos, y los típicos planos rápidos en plan: "Señor, algo raro esta pasando los sensores fallan", o "hemos localizado una tormenta demasiado grande para ser verdad". Compararlo con: "Señor, los radares indican que un objeto no identificado del tamaño de un estado se acercan a la Tierra", "pónganme con el presidente, ¡rápido!"
Las interpretaciones son normales, porque en esta cinta, como ya he dicho, lo de menos son los actores y lo que digan o hagan, hasta los lobos tienen mayor profundidad psicológica que los personajes humanos. El Quaid pone sus caretos de siempre y el hombre no da para más, en una de las carreras más lamentables de Hollywood. Por mi parte sólo le recordaré por haberse follado a Mar Saura, eso sí que es una proeza. Jake Gyllenhaal, es más prometedor, aunque tampoco vea que cambie el careto y varíe la expresión, además tiene cara de gilipollas, este se tira a Kirsten Dunst, tampoco está mal. Ian Holm mueere muy rápido y no pasa de 20 minutos en pantalla, así que ni le juzgo. La mejor interpretación, es la del tío que hace de negro empollón, que hace que su personaje sea totalmente odioso (encima el cabrón no muere, que se le va a hacer).
En fin, un tostón aburrido, repetitivo, predecible, efectista, y con unos efectos muy currados, aunque se nota de canteo dónde está el ordenador (prácticamente en cada toma). Si el día de mañana se os ocurre verla, estáis avisados.
Nota: * * * *