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GOLPE AL AMANECER 20-10-2006 |
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Autor: Seagal Una nueva amenaza se cierne sobre la ciudad de Los Angeles. Bajo la apariencia tranquila de esta gran urbe, unos malvados terroristas chechenos se han hecho con una bomba atómica. Con Clint Eastwood más preocupado en rodar dramas íntimos que en machacar criminales, con Chuache más preocupado en leyes que en reventar criminales a trocitos y con Chuck Norris en horas bajas, ¿toda esperanza está perdida? ¡Nooooo! Porque, pese a los ataques de la crítica cinematográfica y a no contar con el favor de Hollywood, un héroe resiste, para repartir toda la estopa necesaria y salvar a la ciudad. Este héroe no se detendrá ante nada, destrozará, machacará, destruirá, cortará en pedazos, pedacitos y cubitos, a todo aquel que se interponga en su camino. Ese héroe es Steven Seagal, ya sin coleta pero con esos manotazos capaces de resolver conflictos internacionales. Si por él fuera, el conflicto entre Israel y el Líbano se hubiera resuelto rompiendo unos cuantos cuellos y los fuegos de Galicia con una buena meada.
Steven Seagal en Golpe al amanecer Con su gran olfato comercial, Stevie decidió que ya era hora de rodar una secuela de su éxito critico-comercial El extranjero (el segundo filme peor valorado de toda su larga carrera), película injustamente olvidada en los Oscar y por toda la crítica mundial. Pero un servidor sabe que el aikidoka se las devolverá redobladas a todos esos criticuchos de mierda que no ven el gran esfuerzo interpretativo que hace en cada película. Porque mira que es difícil estar con esa cara de poquer durante hora y media, sin mover un músculo, ni tan siquiera una ceja; ahí esta él, impasible ante el peligro.
En un acto de generosidad sin precedentes, desestimó la dirección de Spielberg, en favor de que un pobre polaco, que no sabía lo que era una cámara hasta el primer día de rodaje, pudiera comer caliente un par de días. Lo mismo con los actores, unos pobres desconocidos a las puertas de la indigencia, de la que Steven los salvó para cubrir papeles que estaban destinados a Tom Hanks, Robert de Niro y Jodie Foster. Después de esta película, sólo puedo deducir una cosa: Steven Seagal es DIOS, porque es milagroso que se enfrente a unos terroristas sin que NADIE pueda ni tan siquiera rozarle, herirle o despeinarle; además de realizar otros milagros que iré destapando durante este texto.
Para analizar la película, debemos separarla en dos mitades. La primera, dentro de los cánones del cine de acción; y la segunda, donde se nos revela que Stevie es una nueva reencarnación de Dios. En la primera mitad de película, se nos relata cómo nuestro héroe predilecto (Steven Seagal, no Bobobo), es un agente que se infiltra entre unos narcotraficante de armas que quieren vender un pepino nuclear a unos terroristas chechenos. Esta parte es COHERENTE e incluso cuenta con escenas ESPECTACULARES, dos palabras que creía que ya no podían ir asociadas a las películas de este tipo. Espectacular es la persecución en la que nuestro protagonista conduce un camión gigantesco machacando todos los coches que se le ponen al paso, ya sean simples civíles o terribles terroristas. Seagal es así, no se le pueden pedir peras al olmo.
El caso es que en la segunda mitad, debe combatir a los terroristas junto a una ex-pupila suya de la CIA, quien consigue echar por tierra, en un tiempo record, todo lo conseguido hasta entonces. La coherencia deja paso al desconcierto del espectador, el cual no entenderá por qué aparecen agentes de la CIA empecinados en destruir Los Angeles, y la espectacularidad dejará paso al descaro; el descaro de ver que todas las escenas de acción son realizadas por dobles y que Steven sólo pone el careto de vez en cuando. Pero al final todo esto sirve para demostrar que Seagal es Dios en persona, ya que es capaz de realizar hasta TRES milagros:
-El primer milagro: Su capacidad para tener visiones, ya que es la única explicación posible a cómo es capaz de adivinar dónde coño han decidido poner la bomba nuclear los terroristas; y estamos hablando de Los Angeles, no del Palmar de Troya.
-El segundo milagro: Lograr que un hacker amigo suyo se infiltre en la red de la CIA pulsando UNA sóla tecla (he mirado en mi teclado y no aparece ninguna llamada “Infiltración en la CIA”). -El ultimo milagro: Transforma una bomba atómica en un petardo enorme, ya que en la escena final, incapaz de detener la detonación, con la típica cuenta atrás (ya sabéis, las cuentas atrás son su enemigo mortal), decide lanzarla al mar, a menos de un par de kilómetros de Los Angeles, y no sólo no hay hongo atómico, sino que además, usando sus poderes divinos, es capaz de absorber toda la radioactividad.
Por todas estas razones creo que Steven deberia ser alabado por el Papa Ratzinger y nombrado jefe supremo de la humanidad, junto a dos arcángeles que podrían ser... Chuck Norris y Lorenzo Lamas, por poner sólo un ejemplo. De la película sólo queda que os comente la escena final, en la que se abusa de los efectos por ordenador. Pero aquí, a diferencia de El señor de los Anillos, sólo había tres bocadillos para pagar a los programadores, lo cual, como podéis imaginar, se nota y bastante.
Como nota final, deciros que en el epílogo de la aventura, una conversacion entre Steven y su pupila hace referencia a que han empezado a tener relaciones sexuales. Doy las gracias al director por no introducir una escena de cama entre ella (que está de muy buen ver) y nuestro héroe (éste no está tan de buen ver). En resumen Steven Seagal es Dios, esta película es una mierda y yo soy la polla.
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