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EL ÚLTIMO SAMURAI 24-5-2006 |
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Autor: Oso55 Aviso 1: El inicio del siguiente texto es una divertida exageración. No os lo toméis muy en serio. Aviso 2: El siguiente texto está repleto de spoilers. Y jodo el final de la película. Japón. Paraíso del manga, el anime y los videojuegos. En los últimos tiempos estamos asistiendo a una creciente fiebre por todo aquello que provenga del país del sol naciente. Un culto enfermizo, exagerado y muchas veces injustificado, se está adueñando de las nuevas generaciones, consumiendo sus intelectos y generando conductas impensables hace una década, como ir a una convención a los 20 años de edad disfrazado de Son Goku y otros muchos héroes de manga, sin sentir vergüenza alguna por ello. En algunos casos incluso nos encontramos con individuos obesos que deciden disfrazarse con caretas de cartón de personajes desconocidos. Antes, los jóvenes españoles copiaban sin dificultad y por mero conformismo, determinadas costumbres y maneras de vivir de los yankies, ya que era lo que veían en las exitosas películas norteamericanas. Entre las aficiones de estos jóvenes estaban las de adorar a determinados grupos de música, directores de cine, películas, etc; pero no eran fanáticos confesos de EEUU. Ahora, las tornas están cambiando y nos encontramos con una masa creciente de jóvenes que adoran un determinado país en toda su extensión, JAPÓN, y se esfuerzan duramente por conocer todo aquello relacionado con él. No son fanáticos de un actor, un cantante, un grupo; sino que son aficionados a un país entero, y les gusta por igual cualquier cosa autóctona. Juegan sus videojuegos, devoran sus dibujos animados y películas, comen su comida, practican artes marciales (a ser posible, con espada), escuchan su música, estudian su idioma en la universidad, practican cosplay, karaoke, ansían ir a los bukakes de Torbe, etc. Se está expandiendo la idea de que si algo es japonés, tiene que molar, lo que dentro de unos años nos va a llevar a la extrema idea de que para que algo mole, ha de ser japonés. Por estúpido e inútil que sea un invento, si es japonés, habrá miles de fanáticos que se volverán locos por conseguirlo.
Dentro de este fenómeno y centrándonos en el mundo del cine, descubrimos películas las cuales deberían ser tachadas de bodrios, pero reciben toda clase de alabanzas por haber sido realizadas por individuos que todo el día comen arroz y amarillo es su color. Truños con Casshern y El Club Del Suicidio, aunque parezca impensable, cuentan con enormes filas de seguidores que las consideran obras maestras. Del mismo modo, cualquier serie de anime que pongan en Cutresfera, será de culto. ¿Por qué? Porque es japonesa. Así que en Cuatro siempre tendrán asegurada la audiencia por parte de los otakus noctámbulos. Es muy probable, querido lector, que tú te encuentres dentro de los afectados por esta ¿enfermedad? y te estarás preguntando si existe alguna cura. La respuesta es sí. Existe una cura: Visionado continuo de toda la filmografía de Bruce Willis, Stallone y Chuache, y te habrás quitado toda la tontería de encima y de paso te sentirás más hombre. Consciente del creciente fanatismo por la cultura japonesa, el amigo Cruise, principal baluarte del cine comercial de Hollywood, quiso aprovecharse y se marchó a Oriente, tierra prometida de culturetas y antiamericanos, a rodar la cinta que nos ocupa (y de paso compró los derechos de The Eye, pero esa es otra historia). No entiendo mucho del tema, pero estoy seguro de que este film disgusta o deja indiferentes a los defensores con conocimiento de la cultura japonesa, y despierta pasiones entre los fanáticos recién llegados que alucinan con ver al tipo de Top Gun enfundado en un traje de samurai y repartiendo estopa con una katana. Como mola, neng.
Y más aún, me atrevería a decir que una gran parte de los fans de esta película son otakus “de boquilla” (o “de palo”, como dirían los más intransigentes), de esos que dicen que Takeshi Kitano es el mejor director del mundo, cuando sólo han visto una o dos películas suyas. Porque este film es sin duda un acercamiento a la cultura japonesa, de forma sencilla, fácil de digerir para el público yankee, y ante todo, comercial. ¿Y quién mejor que el comcercialísimo Tom Cruise para acercar Japón al público masivo? De esta forma, El Último Samurai podría ser considerado el equivalente cinematográfico de un restaurante chino: pseudoestética oriental maquillada para el gusto de los occidentales. Centrándonos ya en la calidad de la película, nos encontramos ante el típico coñazo-épico pretencioso de dos horas y media, que no aporta nada nuevo, del palo de Troya, El Reino de los cielos, El Rey Arturo y demás tostones surgidos tras el arrollador éxito de Gladiator (no en vano, John Logan, guionista de El Último Samurai, trabajó en el guión de Gladiator junto a David Franzoni, quien a su vez escribió el libreto de El Rey Arturo). Pero las katanas y los kimonos ejercieron un poder hipnótico en parte del público, haciéndoles creer que se encontraban ante una película de enorme calidad. Y es que si el argumento de esta cinta (soldado occidental que se enamora de otra cultura y decide cambiarse de bando) lo trasladas, por ejemplo, a Oriente Medio, el filme no conseguiría ni una cuarta parte del éxito obtenido por El Último samurai. Es una historia hipertópica y vacía, sin apenas interés ni intrigas de ningún tipo, adornada con motivos japoneses y aderezada con la imprescindible melodía del cansino y hostiable Hans Zimmer, músico hípermonótono y vago que podía meterse sus coros por donde le quepan (aunque afortunadamente, en la cinta que nos ocupa no hay coros y la melodía principal es bastante potable). Un filme pretencioso y empalagoso, prefabricado para arrasar en los Oscar, pero que afotunadamente se metió una buena hostia en la gala. EL ÚLTIMO SAMURAI DE LA HISTORIA DE JAPÓN, NO FUE OTRO QUE TOM CRUISE
La película comienza con una voz en off de corte épico, contándonos una clásica leyenda acerca de la creación de Japón, siendo esto una señal prácticamente inequívoca de que el flime va a tratar de emocionarnos gratuitamente. Aún así, todavía no es justo criticar a la película por esto. El narrador repite 3 o 4 veces "Japón", supongo que con la intención de incrustar la palabrita en nuestro cortex cerebral y así lobotomizar a toda la masa otaku. Pero la cosa, a medida que avanza a pasos de oruga, se va volviendo más soporífera y tediosa, descubriéndonos un guión atiborrado de insultos a la inteligencia del espectador, como el momento en el que Tommy trata de colarse en la celda del samurai Katsumoto, e inexplicablemente ayudado por un tipo que pasaba por allí, consigue engañar a unos guardias haciéndose pasar por el Presidente de los EEUU.
No hay quien se trague este cuento del samurai americano que reparte estopa a diestro y siniestro y que en unos pocos meses se convierte en un pedazo de espadachín capaz de rebanar cabezas con su espada, como si cortara mantequilla. En un principio, el filme muestra cierto compromiso y se moja (eso sí, de manera infantil y sencilla, no sea que le exploten las meninges a los espectadores de Alabama), cuestionando duramente la deleznable política exterior que llevaron a cabo los EEUU. Pero todas estas reconfortantes críticas se van al garete en cuanto la película nos descubre que el mismísimo último samurai de la historia de Japón fue un americano, nada más y nada menos que Tom Cruise, por lo que la propaganda pro-yankee se multiplica por 2.000 elavado a infinito.
De acuerdo, el título de la cinta ya avisaba acerca de lo que iba a ocurrir, pero aún así, impresiona llegar al final y encontrarse con semejante desenlace. Cruise resulta ser el único que sobrevive en la última batalla. Al ser una producción para el lucimiento total del actor, no hubo la valentía suficiente para cargarse al protagonista. Realmente vergonzoso. El egocentrismo de este actor no conoce límites. El director de semejante tostón es Edward Zwick, un realizador ñoño y pretencioso quien años atrás ya nos torturó con ese pepino infumable llamado Leyendas De Pasión, un infantilón drama familiar con tufillo a telefilme de vaqueros de esos que ponen en Antena3.
Aunque Zwick ha mejorado sus habilidades con la cámara con respecto a aquella película, la cinta que nos ocupa también está atiborrada de sensiblería barata, con una dirección aburrida, lentísima y reiterativa, hasta el punto de caer en la estupidez de plantarnos un flashback de algo que acaba de ocurrir hace un instante. Me refiero por supuesto al combate que Tom Cruise libra contra 4 espadachines, escena que tras acabar, nos la repiten a cámara lenta (lentísima) para rellenar metraje y por si algún despistado no se había enterado de lo ocurrido. La lentitud de la que hace gala el filme es extrema; se nota que antes de rodarla, el director vio mucho cine oriental, aunque me temó que se excedió. También resulta excesiva la cantidad de planos estilo "postal", que desde luego son bonitos, pero es una belleza artificial y forzada, que trata de compensar las carencias visuales de una dirección aburrida y falta de talento, la cual apenas consigue emocionar en los diversos momentos dramáticos que posee la cinta.
NORTEAMERICANOS VS JAPONESES Tom Cruise, quien se pasa toda la película poniendo caretos que denotan un avanzado estado de enajenación mental, interpreta a un antiguo soldado norteamericano acabado y alcohólico, que vive de participar en espectáculos que promueven la venta de armas. Un equivalente del Bad Santa de Zwigoff, que actúa por 4 perras y que se muestra grosero e impertinente con sus jefes y con el público. Hay que destacar que entre esos jefes se encuentra William Atherton, también conocido como Walter Peck en Los Cazafantasmas.
Un viejo amigo con un increíble parecido a John Cleese de los Monty Pyhton, (el músico y actor Billy Connolly, que interpretó al profesor Billy en la mítica teleserie Los Primeros de la clase) ofrecerá a Tommy la oportunidad de conseguir un trabajo mejor, ayudando en el proceso de militarización de unos campesinos japoneses.
Cruise, que anterioremente había combatido contra los indios y se sentía tremendamente arrepentido por ello, decide traicionar a sus principios, aceptando el nuevo curro y marchándose al lejano Oriente. Allí, tras una dura batalla, será capturado por los rebeldes samurais, y en apenas medio año, sufrirá un trastorno psicológico y algún que otro delirio paranoide, enamorándose irremediablemente del estilo de vida japonés y convirtiéndose en el mejor espadachín que jamás ha conocido Japón. Suena realmente absurdo, pero así ocurre.
Su delirio le llevará incluso a decirle al emperador japonés que con gusto se quitará la vida si su majestad lo desea, algo que lamentablemente el condicionado guión impedirá. Ya podían mostrar tal entrega algunos otakus, quizás con un poco de suerte el emperador japonés decide quitarlos de en medio (jajaja, sabéis que no voy en serio ¿o sí?). El amigo Tommy no pierde el tiempo y la primera palabra en japonés que aprende es sake, término que gritará a los 4 vientos logrando que le oigan en diez manzanas a la redonda (eso nos da a entender el plano exterior de la casa cuando grita "Saaakeee!"). Seguro que su primera palabra en indio fue kif.
Cruise aprende muchas cosas de los japoneses, pero ¿qué aprenden los japos de su nuevo amigo americano, aparte de los saberes de la cienciología? Pues básicamente aprenden a jugar al béisbol, de manera que descurbrimos atónitos que Tommy fue el culpable de que actualmente, todo Japón se pirre por el deporte de las bases y los home runs. Maldito... El protagonista es un semidios, condición que además de otorgarle la inmortalidad, le permitirá ser el primero de todo el pueblo en descubrir a los ninjas que les atacan. Además, tras la masacare final en la que le cosen a tiros, no tendrá ni un sólo rasguño y en apenas 20 segundos se repondrá de sus heridas, olvidando completamente el dolor, para ayudar a su amigo Katsumoto a lograr una muerte digna, sin recurrir a la eutanasia. Cruise simplemente quedará cojo tras la batalla, un mal menor del que seguro se repondrá en unos pocos días, y si me apuras, puede que incluso en unas horas.
Entre los secundarios hay un fotógrafo gordo de origen americano, que nadie sabe muy bien qué cojones pinta en todo esto. Un personaje gratuito y sobrante, que sin venir a cuento se pondrá del lado de Tom Cruise (es decir, del lado de los samurais rebeldes) y le apoyará en la batalla final. "¿Pero este gordo de dónde ha salido?", "¿Y por qué ayuda a Tommy?" "¿Y por qué sabe que el prota apoya a los samurais?" son preguntas que inundarán la mente del espectador.
El actor que interpreta a este secundario es Timothy Spall (la rata de Harry Potter), en lo que se trata de su segunda colaboración con Cruise, ya que ambos trabajaron juntos en Vanilla Sky. El personaje más destacable de todo el elenco es Katsumoto, interpretado por Ken Watanabe, sin duda lo mejor de la película y quizás lo único por lo que merece la pena visionarla. Su papel es el de un samurai psicópata que está en desacuerdo con la política prooccidental de Omura.
Su defensa del honor y demás valores importantísimos para los samurais le llevará a cometer auténticas gilipolleces como ser expulsado del consejo de gobierno por mantener una discusión acerca de una espada. Una cosa es defender tu honor y otra es ser gilipollas, condenando a todo tu pueblo por una puta katana. Pero en fin, supongo que así pensaban realmente muchos samurais de la época, por aquello de que su espada es "su alma" (eso dicen en la peli).
Los japoneses tienen por monarca a un mongólico (fíjate tú, ¡como nosotros los españoles!), quien se dedica a hacer preguntas estúpidas dignas de un criajo, tales como “¿Es cierto que los indios se pintan la cara y tienen plumas?”. Tom Cruise tenía que haberle contestado "Que va, es mentira. Nos lo hemos inventado, ¿no te jode?". Con semejante monarca no me extraña que los japos se maten entre ellos y los occidentales mientras tanto les toreen. Aunque nosotros, con ZP y su magnífica política exterior, cualquier día acabamos igual (bueno, torearnos ya nos torean pero bien). Al final de la película, el emperador no parece tan gilipollas, pero tarda bastante en darse cuenta de lo que debía hacer.
La voz que le han endosado al monarca en la versión en castellano, multiplica por 2.000 su nivel de subnormalidad, en lo que parece un doblaje realizado por un camarero de un restaurante chino recién llegado a España y que trabajó gratis. Ojo, que el resto de japoneses tampoco se libran y parecen doblados por una familia de rumanos de la periferia, pero es que el emperador se lleva la palma, la Palma de oro. Juzguen ustedes mismos. Cuando fui a ver esta película al cine, la sala entera se descojonó de risa con semejante escena, algo que supongo debió ocurrir en todas las sesiones en cualquier punto de España. Pero no creáis que el mal doblaje se limita a los japoneses, que va, también encontramos occidentales doblados de manera forzada y sobreactuada, como Billy Connolly o Timothy Spall. El director de doblaje era un incompetente.
El malo de la película es Omura, un japonés barbudo que se está forrando gracias a sus negocios con los norteamericanos. En un principio no parece un mal tipo, es gordo, afable y tiene una cara divertida, pero para que el espectador borre inmediatamente de su cabeza esa impresión, nos plantan entre sus secuaces a un tipo con una quemadura en la cara, que se asemeja a los típicos matones chinos a los que gente como Willis, Chuache y compañía pateaban el culo allá por los 80.
SAYONARA Se la colaron al amigo Cruise. Quería rodar una película con la que arrasar en los Oscar, y finalmente se comió los mocos por rodearse de una pandilla de incompetentes. Opino que el mensaje que trata de transmitir la película (no es bueno que una cultura se abra radicalmente al mundo perdiendo su identidad) resulta confuso y queda bastante empañado por tonterías tales como el hecho de que Tom Cruise siga vivo, y sobre todo, por la cuestionable defensa y exaltación de valores feudales y absolutistas, bastante criticables hoy en día.
Salgo en defensa de la película y os digo que, a pesar de la inmortalidad de Tommy y la posible propaganda yankee que esto deja entrever, pienso que se trata de una película llena de buenas intenciones (fallidas), pero con una enorme cantidad de lastres que podrían hacer creer a más de uno que nos encontramos ante una película retrógrada e incluso fascista. Espero que tengan más cuidado la próxima vez. En los tiempos en los que vivimos no me parece una buena idea lanzar una película glorificando y exaltando de tal manera los (muy respetables en su contexto) valores samurais. NOTA: * *
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