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CUANDO LLAMA UN EXTRAÑO 3-7-2006 |
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Autor: Rayo Gamma EL MÁS TONTO PUEDE DIRIGIR En plena oleada de estúpidos remakes que invaden los cines (y el buen gusto) no debía demorarse mucho la llegada de este clásico thriller-terrorífico del 79 (protagonizado en su momento por Charles Durning y Carol Kane), pertinentemente saqueado y mancillado para la ocasión, cortesía de Hollywood S.A. Hablamos de When a Stranger Calls, que años ha gozó del beneplácito de la crítica y del público, y que, esta vez, ni la madre del director (Simon West, ese cruel ser que nos calumnió con Tomb Raider) querrá saber nada del desvergonzado de su hijo. Y eso que ya sabemos que muchas veces cuesta aguantar el tipo frente al original, y la mayoría de proyectos se quedan en un intento fútil de mantener la dignidad. Vale. Pero teniendo como base una buena película del género, nuevos medios para hacer cine, y mucha pasta... ¿Cómo demonios puede salir un absoluto truño perpetrado por, supuestamente, profesionales? Joder, que esta gente está cobrando una pasta para hacer lo que hace, que algo deben saber, digo yo. Yo creo que puede ser lícito que quieran remakear lo impensable para hacer llegar los clásicos de toda la vida a las nuevas generaciones (ya sabemos que no es para esta finalidad altruista, sino para llenarse los bolsillos), pero ¿es necesario que se conformen con la primera mierda que salga y traten al respetable como a un idiota queriéndole endosar una porquería de film? Pues a tenor de lo visto, parece que sí. MÁTENLA POR FAVOR La historia de este aburrimiento nos sitúa en una impresionante choza, propiedad del típico matrimonio burgués americano (que merece ser deportado a Auschwitz), donde la buena de Jill (Camilla Belle) deberá hacerse cargo de los retoños de la casa, mientras sus papás se van de parranda por ahí, los muy golfos. Lo que promete ser una tranquila (y sosa) noche de canguro se verá trastocada por unas extrañas llamadas amenazantes que sumergirán a nuestra protagonista en una pesadilla inacabable de manos de un sádico maníaco al que le van las tiernas jovencitas (dile tonto).
La premisa (recordemos, de hace casi 30 años) no está nada mal. Es decir, si de una peli de terror se trata, siempre se pueden sacar buenos elementos a un punto de partida como éste. Angustia, claustrofobia, pánico. De todo un poco, si bien hecho está. Y en su momento lo fue, pero ahora se ha convertido en un tedio farragoso que cae en lo previsible y cansino, y que, además, está protagonizado por una panoli que se pasa media película completamente acojonada pero que, en cuanto aparece el psicópata de marras, se convierte por inspiración divina en Lara Croft. ME ABUUUURRROO Para empezar por el principio, decir que el film adolece del peor estigma que puede tener una peli de miedo: la lentitud. Y no sólo eso, sino que es una lentitud sofocante que hace que te importe un pimiento quién va o quién viene, o quién muere y quién no. O sea, West no es Shyamalan, por lo tanto que se olvide de querer asustar a la parroquia de manera pausada, con estáticos planos de cámara y mucho menos pretendiendo darle una evolución calmada a los acontecimientos, porque hay momentos que te dan ganas de sacar el mando a distancia del cine (si lo hubiera, que no estaría nada mal) y mandarlo todo a tomar por culo.
Pues así es la primera hora de peli. Lenta, pastosa y aburrida, y con una protagonista dando tumbos por la casa y asustándose a cada mínimo pedo que oye. Eso es lo que más odio de este tipo de pelis: A ver, uno NO está en su casa y, a la que oye el más pequeño crujir de algo, se levanta pausadamente y con ojos desorbitados, preguntándole con voz quebrada a la nada si “¿Hay alguien?”, y bajando lentamente por las escaleras, como si a la vuelta de la esquina estuviera el mismísimo Lucifer listo para dejarte el culo como la bandera de Japón. ¿Y por qué nadie hace eso? Pues porque todos sabemos que no estamos solos en el mundo, que hay millones de factores que pueden originar cualquier tipo de sonido, y que eres carne de cañón del Arkham Asylum si te dedicas a coger un bate de baseball y a recorrerte amenazador tu casa cada vez que oyes el aleteo de una mosca.
Pues de eso a la peli le sobra. Desde el primer puto segundo que la prota se sienta en el sofá (nada más irse los dueños de la casa), vuelve a levantarse inmediatamente medio histérica cada vez que oye un no se qué que proviene de vete a saber qué rincón de una mansión (de madera) grande como un campo de fútbol, situada en el culo del mundo, de noche y lloviendo. A ver, gilipollas, ¿no te ha dicho tu jefa que no te asustes por los ruidos de la casa ya que en el piso de arriba están los niños y la ama de llaves (sudamericana, por supuesto) que también vive ahí? ¿Tan cortita y estúpida eres? Pues ella venga, si hay cualquier perturbación sónica (por leve que sea) ya la tenemos miccionándose encima mientras explora cada rincón habido y por haber. Muchos diréis que claro, que es una peli de miedo y hay que darle cancha a la historia y a los sucesos, y si el malo de turno le da por asustar a la tía con gruñiditos varios, es normal que ella vaya a ver qué pasa. Si no, no hay peli. Pero yo os digo NO. El 90% de las veces que la tonta ésta se levanta para ver qué ha pasado, no hay nada “raro”. O es el picador de hielo de la nevera, o el puto gato negro que deambula sin parar, o la susodicha ama de llaves sudaca, o los canarios, o lo que sea. El maldito director nos marea la perdiz una y otra vez para ir rellenando metraje y darnos por culo. Que más da que al sexto sonidito siga sin pasar nada, ella sigue dale que te pego con que alguien le quiere hacer pupita y sobreactuando de una manera vergonzosa y denunciable. Para rematar la jugada, cuando ya está claro que hay un desalmado dentro de la casa, a la Jill esa le da por ser la heroína de turno y enfrentarse (con éxito) al impresentable del asesino, que es incapaz de acabar con una adolescente medio desquiciada y con dos críos llorones que no pasan de los 9 años. Eso ya le quita mucha credibilidad al tema, sobre todo el ver como un tiparraco completamente ido de la cabeza, de dos metros y vete a saber cuantos kilos, no puede con una cría de apenas 50 Kg de peso y muchos pájaros en la cabeza.
DESAPROVECHANDO IDEAS (QUE HAY POCAS) Es una pena que viendo algunos de los elementos de los que dispone el director no se haya dedicado a sacarles petróleo hasta por el bazo. Por un lado, la casa podría haber dado mucho más de sí. Una pedazo de chabola de tres plantas y multitud de habitaciones podría haber generado más juego a la hora de plasmar la lucha por la supervivencia que mantiene la prota con su perseguidor. Vemos una y otra vez las mismas habitaciones y los mismos pasillos, yendo y viniendo ante nuestros adormecidos ojos sin aportar prácticamente nada. Es una lástima que no se exprima en ningún momento esa sensación de “laberinto” que nos puede transmitir el lugar, que le hubiese dado otro aire mucho más interesante (y agobiante, en el sentido positivo) a este ladrillo. Tampoco se aprovecha el juego de luces del que dispone el palacete, esto es, luces de ésas que se encienden automáticamente al notar la presencia de alguien en la estancia, y que, siguiendo con el juego de “cazador y presa”, hubiese sido otro elemento enriquecedor para la descafeinada tónica que impera a lo largo del metraje. Para acabar, reconozco que el psycho que monta todo el pollo tiene su puntito de gracia al ser presentado como alguien completamente frío y carente de cualquier tipo de piedad, pero que al acabar mostrando su rostro (oculto durante buena parte del film) en el momento en que es detenido por la policía y esposado en el coche, pierde todo el interés y posible “misterio” (sic) que lo envolvía. Todo lo maligno que pueda encerrar el personaje interpretado por Tommy Flanagan (lo habréis visto mil veces; es ese segundón que tiene una terrible cicatriz que nace de sus dos comisuras de la boca y que ha aparecido en Los Ángeles de Charlie 2 o Sin City) se esfuma para acabar produciendo cierta hilaridad al contemplar el jeto ridículamente ajado del actor en cuestión.
¿ENTONCES? Pues entonces mierda, queda claro. A este remake le sobra la primera tortuosa hora y le faltan más minutos de asesino acosando a la chica y rebanando pescuezos. Y es que cuando llega (por fin) la aparición de este “extraño”, diez minutitos y se encienden las luces. Aunque tampoco pasaba nada, ya que cuando llega este momento demented are go, uno ya está en coma profundo e incapaz de disfrutar de lo que sucede en pantalla ni aunque el malo fuera una playmate con tremendos meños y vestida de colegiala. Ahora parece ser que habrá secuela. Me cago en la puta. |
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