POWERS RANGERS: LA PELÍCULA 23-8-2005

Autor: Seth

Hace algún tiempo, a lo sumo dos o tres años, que Dimitri me dio a conocer su Poblado, el de Oso, el de Cacaman. Por supuesto me enganché, aún me duelen los ojos recordando el primer día, cuando devoré todo el contenido, atónito ante tamaña colección de personajes, llamémosle entrañables, como los de Double Dragon o Street Fighter.

Ese primer día me retrotrajo a un momento concreto de mi infancia, el verano de 1995, cuando tomé conciencia por primera vez de que me habían engañado y de que lo que había visto era una cutrada como la catedral de Burgos de grande. Así pues, es justo que, ahora que los jefazos de Cinecutre han tenido a bien dejarme colaborar en su página, hable hoy de ese clásico de los 90: Mighty Morphin Power Rangers, La Película. Film que, advierto, destriparé tanto como mi cuerpo aguante.

Confieso que si me la tragué fue porque soy un papanatas, pues la serie de televisión no prometía nada bueno. Pero el tráiler, amigos, el tráiler prometía que aquella iba a ser la mejor película de acción y aventuras de la historia, con los mejores efectos especiales desde el estreno de Terminator 2 y un guión... bueno, ¿qué podía importarle a un niño de 12 años el guión?

Así pues, armado solo con una bolsa de palomitas de las de antes -esas que venían asfixiadas y revenidas en una bolsa de plástico- y un bote de una bebida refrescante aromatizada con sabor a cola, entré en la sala de cine. Y la película, sin ningún tipo de piedad, comenzó.

Logo de la Fox, trompetas y demás zarandajas para, después, sumirse en el silencio. Comienza la música y, acto seguido una mujer nos traduce un texto en inglés que cruza la pantalla como si de una película de Star Wars se tratara. Mal síntoma, ¿no había medios para traducir directamente el texto? No, a la postre resultaría evidente que no los había... se lo habrían gastado todo los guionistas en vodka y cianuro.

Tras el homenaje a Lucas, en el que nos venden la historia de los Power Rangers como algo mítico y serio, comienza la aventura. La película empieza fuerte, con nuestros héroes demostrando lo juveniles y enrollados que son. ¿Cómo? Practicando el salto en paracaídas y gritando mucho, como hacemos todos los jóvenes cuando queremos divertirnos. Gracias a Dios, no están solos. Los inefables Bull y Skull, los pardillos de la serie, están con ellos aportando una pizca de sentido común a la situación, y es que, en palabras de Skull –o Bull-, “hay mucho aire ahí abajo”.

Desde la muerte de Theresa, James no volvió a ser el mismo.

Una vez que saltan, el habilidoso director de la cinta aprovecha para hacernos saber que el jefe y, por ende el que más mola de todos, es el Power Ranger blanco -¿mensaje oculto?-, que para eso es el único que lleva una tabla de snow. Por supuesto todos aterrizan en la diana y baten el récord, momento en el que nos es presentado el niño repelente que existe en todas las películas destinadas al público infantil.

Menuda pedazo de...

Acto seguido, por si no nos hubiéramos dado cuenta de que los Power Ranger son jóvenes, amigos y muy divertidos a la par que sanos, les vemos patinando por las calles de Angel Grove mientras dan saltos y sueltan profundas frases como “Rock and Roll” o “arriba, arriba”. En ese momento, hilando prodigiosamente las escenas aterrizan los buenos de Bull y Skull en el preciso lugar donde unos obreros van a desenterrar al malo de la película: Ivan Ooze pronúnciese Ose-, que sale de un huevo gigante de color morado bastante apetecible.

Como desenterrar huevos gigantes es algo que está mal visto por todo el mundo, el jefe de nuestros héroes, Zordon, una patata gigante flotando en formol, les reclama a su guarida. Allí les recibe Alpha, su robot mayordomo gay, quien no para de quejarse y de hacer aspavientos mientras suelta palabras “técnicas”. Allí la patata gigante les pone al día sobre Iván Ooze y les manda a buscar el huevo a la obra.

El programa de Arguiñano fue degenerando con los años.

Pero llegan tarde –¿qué remedio?, si no no habría película-, porque antes que ellos llegan un señor muy malo en carne viva, un perro con alas y armadura dorada, un señor disfrazado de cerdo gordo y...bueno, Rita, ¿quien no conoce a Rita Repulsa?. Todos ellos, en amor y compañía, liberan al malvado Iván que es un demonio como el T-1000, pero hecho de fango morado, no de metal.

Por fin Gargamel se cobró venganza

Cuando llegan los buenos, se encuentran con el astuto Ooze disfrazado de guarda que, asustándoles, arruina definitivamente las carreras como actores de nuestros entrañables héroes. No contento con eso, el pérfido truhán les presenta a sus criaturas, unos masillas con presupuesto que, lejos de entablar amistad con los Rangers, se lían a tortas con ellos. En honor a la verdad, he de decir que la pelea está lograda...hasta que se metamorfosean y empieza el festival de cables, trampolines y sentencias estúpidas.

Desde el día en que nacisteee...

Pero como el demonio sabe más por viejo que por demonio, e Ivan Ooze tiene más de 6000 años, este aprovecha que los defensores de Angel Grove están imitando a Chiquito de la Calzada y rompiendo paredes de papel para introducirse en su guarida, cargarse a la patata y perdonarle la vida al robot gay a cambio de Dios sabe qué.

¿Eso es un libro?

Como está mal que los buenos pierdan, aunque se lo merezcan, cuando los Rangers vuelven a socorrer a Zordon y Alpha, este último se inventa el argumento sobre la marcha y les manda a buscar el verdadero poder del universo a otro planeta. El malo, que los ve, lanza un enorme gargajo que se transforma en unos señores disfrazados de pollo que mueven sus falsas alas mientras un cable les levanta. Los cachondos se saltan la física a la torera y salen al espacio exterior, batiendo sus “alas”, en busca de nuestros paladines de la justicia.

Esta vez el viejo coronel del Kentucky ha ido demasiado lejos.

En el lejano planeta al que llegan, los multicromáticos superhéroes conocen a una actriz porno disfrazada de Sheena, que se hace llamar Dulce y, tras cargarse a los hombres-pollo, les señala el camino hasta un gigantesco monolito que contiene todo el poder y conocimiento del universo -otro whisky doble para el guionista, paga Stanley-.

¡Mirad como las muevo!

Pero, como el camino será duro -por suerte para el espectador, también corto- Dulcea les descubre sus nuevos animales de poder y les da unos trajes ninja muy chulos a los que se empeñan en llamar trajes ninjetti.

¡quién es el enCARGAAAADO DE VESTUARIOOOOO!!!

Les harán falta, porque en la Tierra las cosas se ponen complicadas para la gente honrada. Ivan Ooze se ha disfrazado para que los niños no le teman -aunque a mí, por el contrario, me da el triple de miedo disfrazado que sin disfrazar- y, aprovechando que como todo el mundo sabe los adultos son retrasados, los convierte en esclavos y desentierra sus máquinas de guerra: dos insectos gigantes sacados de la PlayStation 2.

¡X! ¡Dale a la X!

Así están las cosas cuando los Power Ranger vuelven a la Tierra -tras haberse peleado dos o tres veces más y haber descubierto los poderes del monolito- y, haciendo uso de sus nuevos Zords, pelean contra los esbirros metálicos de Ooze en una larga batalla en la que el ordenador se hace tan cantoso que Spawn parece una obra maestra. El festival del descaro computerizado alcanza cotas jamás vista cuando el rey del silbido, así parece llamarle el perro con alas a Iván Ooze, toma posesión de uno de los robots y sale al espacio persiguiendo el power ninja mega zord –o algo-. Allí, gracias a una oportuna, aunque barriobajera, maniobra del power nin...del robot bueno, Ivan Ooze se estampa con el meteorito que, casualmente, iba a pasar rozando la Tierra esa semana.

Igual de cutre que Mr. Fantástico, pero 10 años antes

Pero una película de tal magnitud no puede dejar cabos sueltos, así que los Power Ranger vuelven a su guarida y resucitan a Zordon gracias a...bueno, gracias a que son los buenos y vale todo.

En su locura, los periodistas de Salsa Rosa llegaron a entrevistar de nuevo a Carmina

Finalmente, tras el trabajo bien hecho, Tommy, Rocky, Kimberly, Adam y Aisha, que así se llaman los cabr...-celebran su victoria cenando con el niño repelente, del que se me olvidó comentar que salva a la ciudad y a su padre, como era obvio que pasaría.

Mira, pequeño Billy, por allí escapan nuestras carreras.

Así pues, aunando este estúpido argumento con las aberrantes actuaciones, dignas de un juzgado de guardia, tenemos probablemente una de las peores películas no ya del cine, sino del cine comercial. Un auténtico puente hasta el averno cuya única bondad reside en haber arrastrado con ella la carrera de director del tal Bryan Spicer y de todo su reparto.

Es evidente que me timaron con el trailer, a mí y espero que a muchos de vosotros pero ahora bien, no aprendí nada de la experiencia. Ese mismo verano me engañaron de nuevo, esta vez cruelmente, con otra película que supuso la muerte de una franquicia recientemente resucitada: Batman y Robin.

Nota: * * * *

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