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SINIESTRO 7-10-2005 |
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Tras ver House Of The Dead, inmediatamente me interesé por la filmografía de Uwe Boll, lo que me llevó a descubrir que este director ya había rodado unas cuantas películas en EEUU anteriores al truñazo de los zombies. Entre esas joyas del séptimo arte, se encontraba un largometraje llamado Sanctimony, el cual me atrajo especialmente, ya que contaba con un reparto formado por tres auténticos reyes del videoclub: Eric Roberts, Casper Van Dien y Michael Paré. ¿Uwe Boll dirigiendo a estos tres cutres? Instantáneamente supe que no podía perderme ese film por nada del mundo, así es que me puse a investigar, para saber si la película había sido editada o no en España. Debí investigar muy mal, porque llegué a la conclusión de que todas las cintas anteriores a House Of The Dead se habían quedado en su país de origen. Meses después leí aquel famoso texto de Revista Cinefagia en el que un guionista relataba sus experiencias trabajando para Uwe Boll. En el imprescindible documento, el redactor describe Sanctimony como un thriller psicológico que copia descaradamente a Seven, con un argumento y unos diálogos calcados de la cinta de David Fincher. Esto hizo aumentar mis ganas de ver la película, ya que un thriller dirigido por “Uba” debía ser una experiencia cuanto menos traumática y descojonante a la vez. Seguí buscando la película sin éxito, hasta que un día, navegando por DVDGo, descubrí por casualidad que habían editado en España una película de Uwe Boll llamada Siniestro, la cual se trataba de la mítica Sanctimony, aquella “copia mala de Seven” por la que llevaba un año suspirando. Finalmente, y gracias al infinito poder de la red de redes, me hice con Sanctimony, y en las siguientes líneas de este texto, será despedazada y humillada, como bien merece todo producto que lleve el sello de Uwe Boll. La película es absolutamente nefasta, pero aburre un huevo y apenas te descojonas de lo cutre que es, por lo que no se la recomiendo a nadie. No sirve ni para una tarde de risas, es una tortura de hora y veinte que no volvería a ver en mi vida. Incluso me planteé el no escribir nada sobre el film, pero me di cuenta que siendo una película del gran Uwe Boll, elaborar una crítica para esta web era algo obligatorio. Así es que me armé de paciencia y escribí este texto, que aunque largo, he intentado hacer lo más ameno posible. Un cruce entre American Psycho y Seven Cuando se refieren a esta película como una copia barata de Seven, cuanta razón hay en ello. El director alemán debió fliparse con la película de Fincher y pensó “ya veréis, voy a hacer algo similar”, lo que le llevó a escribir y dirigir esta historia sobre asesinos en serie, demostrando que es aún peor guionista que director. Lo primero que llama la atención es que la compañía que edita el DVD en España es ni más ni menos que nuestra querida Filmax, marca especialista en regalarnos todo tipo de cutradas, por lo que Siniestro no podía ser la excepción, más bien tenía pinta de ser todo lo contrario, y así fue. El film es un verdadero engendro que tiene ganado merecidamente el sello de “calidad” que el bueno de Constantino Romero tiene el gusto de conceder con su mítico “Filmax presenta...”. La historia nos cuenta cómo una pareja de detectives, formada por un hombre y una mujer, está intentando dar caza a un peligroso asesino en serie, el cual se dedica a arrancar partes del cuerpo de sus víctimas, tales como la lengua, los ojos, las orejas, etc. El cachondeo comienza cuando al iniciarse la película, vemos varios cadáveres atravesados por flechas, algo que el detective protagonista explicará más adelante con las siguientes palabras: “derriba a sus víctimas utilizando técnicas indias”. Al oír esta majadería es inevitable imaginarse a un puto chalado con plumas en la cabeza y un hacha tomahawk, repartiendo justicia a flechazos. Por tanto, Boll falla estrepitosamente desde el primer segundo si pretendía que nos tomásemos esto en serio.
Las pesquisas de los detectives les llevarán a sospechar de un importante broker multimillonario, al que decidirán investigar usando el siguiente método: Que la chica policía se lo ligue, así de simple. En la retorcida mente de Boll, esta es la utilidad que tiene una mujer policía. Y si se saca las tetas para atraer a los sospechosos, mucho mejor. Lástima que esto último no ocurra. El caso es que la chica se lo liga y descubre que es el asesino, pero ya es demasiado tarde, el broker la mata, suceden una serie de acontecimientos incoherentes y la película termina con un gratuito tiroteo que enfrentará al maloso con el súper detective. Y esto es en resumidas cuentas la historia del film. Muchas más cosas suceden en la película, pero creerme si os digo que están totalmente desligadas de la trama. Boll se va por las ramas narrando absurdeces que no aportan nada, ya que apenas guardan relación con el argumento, son algo así como anécdotas para rellenar el pésimo guión, el cual debe ocupar dos folios, y unas cuantas hojas más, llenas de anécdotas que se le fueron ocurriendo durante el rodaje. Que nadie piense que exagero cuando digo que este guión podría ser calificado como el mayor ejemplo de incoherencia cinematográfica de la historia. Nada tiene sentido, no hay explicaciones, el film acaba de repente... La cinta está adornada de secuencias innecesarias, las cuales se espera que tengan algún tipo de justificación al finalizar la película, pero no, ahí te quedas como un gilipollas. Muchas veces este tipo de escenas sobre los quehaceres cotidianos ayudan a ambientar una película y dan a conocer detalles útiles de la vida de los personajes, pero es que en esta ocasión sólo sirven para despistar. Ni siquiera queda aclarado del todo por qué el asesino cometió los crímenes. Es como si faltara medio guión, como si se les hubieran perdido las hojas y no tuvieran tiempo para rescribirlas. Yo creo que se les agotó el presupuesto y en cuanto les quedaba ya poca cinta, Uwe Boll dijo “A tomar por culo” y rodaron el final. Puestos a no explicar nada, tampoco queda aclarado aquello de las “técnicas indias”, no se vuelve a mencionar nunca más, es sólo otra anécdota de tantas, ya que al asesino sólo se le ve ejercer su hobby pistola mediante. Ni flecha, ni arco, ni hacha ni hostias. Hay casi 20 minutos de una escena en la que el poli protagonista se introduce en un local para destapar una red de realizadores de snuff movies a la que suponemos pertenece el asesino, pero una vez acabada la secuencia, no se vuelve a hacer referencia ni a las snuff movies ni a dicha secuencia en toda la película. Incluso el prota interroga a un sospechoso del cual no consigue ninguna pista útil ni vuelve a vérsele el pelo. Vamos, que se trata de algo gratuito que nunca sabremos por qué fue rodado. Lo mismo pasa con las discusiones entre el protagonista y su mujer; cuando acaba la cinta, no sabes si arreglaron sus diferencias ni nada, "que más dará", pensó Boll, “Hay que acabar la película cuanto antes”. Te sientes totalmente estafado. En cuanto al desarrollo de la trama principal, hay que prestar especial atención a las anecdóticas y totalmente casuales deducciones que perimitrán a los protagonistas localizar al asesino, con momentos tan memorables como en el que se ponen a contar las lenguas, orejas y ojos que ha coleccionado el psicópata, situación que nos lleva al siguiente diálogo: Dorothy:- ¿Qué tenemos? Renard:- 15 cadáveres, hombres y mujeres, todos con un rasgo facial amputado. Dorothy:- ¿Los 6 primeros? Renard:- Ojos arrancados. Dorothy: Para no ver el mal. ¿Los 6 siguientes? Renard:- Orejas cortadas. Dorothy: Para no oír el mal. ¿Los últimos tres? Renard:- Tres lenguas cortadas. Dorothy:- ¿Por qué 6? Renard:- No lo sé. ¿6, 6, 6? ¿El número del diablo? Quizá la aparición del Anticristo. Dorothy:- Osea que habrán otros tres antes de que se rompa la pauta. A menos que nos equivoquemos. Es lo de siempre, lo cogeremos o dejará de matar, siempre lo hacen. No parará hasta que no le detengamos, es un acuerdo tácito entre los criminales más duros y los polis, nada dura para siempre, ni siquiera el crimen. Tras tantas memeces y deducciones casuales, todo lleva a pensar que el malo se dejó atrapar, pero se desconoce el motivo, la película acaba y te jodes. Parece ser que se trataba de un plan del psicópata para atraparse a sí mismo, o algo así, no hay Dios que lo comprenda.. El guión también tiene espacio para el drama, en forma de los dilemas que se plantea el protagonista sobre si cambiarse o no de trabajo; ya sabéis, clichés para aburrir. Que si apenas hace caso a su mujer, que si la parienta está molesta porque sólo le preocupa cazar asesinos, que si no follan, etc. Algo con lo que rellenar los huecos del metraje, que ni siquiera ayuda a profundizar en la historia, debido a la forma plana y sin ningún tipo de sentimiento con la que rueda Boll, por no hablar de los actores, que podrían ganarse la vida como mimos estáticos en la Plaza Mayor de Madrid. A LA CAZA DEL "MONKEY-KILLER" Todos los actores son grandes estrellas que se han forjado un nombre a través de una larga carrera como intérpretes en las peores películas salidas directamente a vídeo. El asesino, como ya hemos citado anteriormente, se trata de un broker multimillonario impávido y sin sentimientos, que va lanzando flechas por la calle cual apache (es una pena que esto no aparezca reflejado en la película, sólo se menciona) y se dedica a dejar pistas aposta para que le atrapen. No mueve un músculo de la cara en todo el film, por lo que a Casper Van Dien el papel le fue como anillo al dedo, ya que así pudo ahorrarse lo que peor sabe hacer : actuar.
Su objetivo en la vida no queda muy definido, un día enloquece y ve que todos los que le rodean no merecen vivir, así que lo mejor es matarlos, sin dar explicaciones. Puede que algún día yo también piense lo mismo, es lo único con lo que me identifico de toda la película. Por cierto que en un momento de la trama se refieren al asesino como “Monkey Killer”. No sé por qué, será otro misterio de tantos que se quedan sin resolver al acabar la cinta. A través de las palabras de este personaje, Uwe Boll, quien no conoce el significado de la palabra ridículo, tiene los santos cojones de realizar su particular crítica gratuita al capitalismo, el cual "sólo se basa en masacrar y saquear, estableciendo alianzas de conveniencia por tiempo limitado”. Lo que nos faltaba, Uwe Boll posicionándose. Que actores como Sean Penn se quejen me parece bien, pero que lo haga este inepto me resulta hasta insultante. Que se dedique a rodar pelis de videojuegos y se deje de crítica barata. En cuanto al protagonista, se trata de un experto detective pseudo-interpretado por Michael Paré, quien tiene problemas con su mujer, la cual es una embarazada que le obliga a posar en bolas para los reportajes fotográficos que elabora con las cincuentonas de sus amigas. Como lo leéis, el prota llega un día a su casa y como el modelo se ha retrasado, le toca despelotarse y hacerse unas fotillos como sustituto. Escena delirante donde las haya, sin duda. Creo que se trató de una barata excusa para que el Paré mostrara sus abdominales. Volviendo a las características del personaje, éste posee una capacidad de deducción de un niño de primaria y le obsesionan los asesinos en serie. Se fía tan ciegamente de sus instintos, que es capaz de llamar por teléfono a su compañera de curro únicamente para contarle los sueños que tiene por la noches, por si acaso pudieran significar algo. La chica detective, interpretada por Jennifer Rubin, se llama Dorothy Smith, y su principal habilidad es ligarse a los sospechosos e invitarles a cenar a su apartamento. Semejante técnica policial la llevará a la muerte, cuando su ligue se revele como un asesino en serie y le raje la garganta. Por facilona. Otro de los personajes tiene el rostro de Eric Roberts, quien sólo aparece para representar al imprescindible y tópico superior tocahuevos que se pasa toda la película animándoles a que se dan prisa por resolver el caso, ya que el FBI está a punto de intervenir. Su breve aparición se agradece, ya que dota de aún más glamour cutre a la cinta.
Mención especial merece la chica a la que matan en la Snuff Movie, sin que nadie apenas la esté sujetando, empieza a pedir auxilio, pero de manera relajada, sin forcejear, no intenta escapar, sólo se queja un poco y ya está. En realidad debía querer morir, esa es la única explicación a por qué se deja pinchar con la jeringa tan fácilmente. Como curiosidad, tiene un pequeño papel el hombre del FBI que aparecía al final de House Of the Dead y decía aquello de “peinen la zona en busca de homo sapiens reanimados”. Muere tiroteado al final, como debe ser. UWE BOLL, ANTES DE CONVERTIRSE EN ADICTO AL BULLET-TIME Aquí no hay un espectáculo de planos delirantes como en House Of The Dead, en esta ocasión Uwe Boll está mucho más comedido. El genio alemán todavía no había descubierto las bondades del tiempo bala, lo que le llevó a realizar una dirección digna de un telefilme de Antena3 a las 2 de la mañana, algo que se puede soportar medianamente. Eso sí, la cámara lenta la utiliza continua e injustificadamente, hasta el punto de rodar una secuencia entera de varios minutos a cámara lenta (el tiroteo final entre el asesino y el detective), así, a piñón fijo, con dos cojones. La escena resulta ridícula y pone la guinda a la cinta, por si no había quedado suficientemente claro que se trataba de un truñaco. El Dr Boll se dedica a llenar la película de mini-secuencias al estilo Seven o Minority Report, copiando descaradamente a la primera, con multitud de planos de medio segundo mezclados con sonidos rápidos y voces que dicen frases inconclusas, en un intento fallido por dotar de atracción visual al film. Cada vez que se inicia uno de estos pseudovideoclips es inevitable descojonarse, además, están acompañados de la imprescindible música techno machacona punchancha a todo volumen, que ya hiciera estragos en House Of The Dead. Ni que decir tiene que estas secuencias están montadas con el culo y se encuentran fuera de lugar. La intención era copiar a Seven y punto. La película carece totalmente de ritmo, aburriendo al instante. La trama no consigue enganchar, no hay tensión en ninguna escena, ni siquiera cuando el asesino acecha. Reconozco haberme sentido mucho más inquieto y nervioso con cualquier telefilme sobre mujeres maltratadas que con esta película. Volviendo al tiroteo final, éste es una muestra de que Uwe Boll tenía altas pretensiones con la película, sino, no hubiera rodado la secuencia de semejante manera: toda a cámara lenta y acompañada de una supuesta música épico-emotiva, dando como resultado el peor clímax final que he visto en una película, cualquier telefilme está rodado con más intensidad.
La banda sonora, formada por piezas techno y composiciones realizadas con sintetizador por un tal Uwe Spies, además de mala, es pretenciosa, lo que la hace doblemente mala. La fotografía es irreal y terriblemente forzada, dotando a ciertos planos de colores excesivamente llamativos e intensos. En la cinta desfilan multitud de pasillos verdes, amarillos y rojos, que cambian de ilumninación a voluntad, un despropósito. Entre esos pasillos de colores, y el falso humillo que sale de los mismos, la ambientación del local donde se ruedan snuff movies recuerda a la del pasaje del terror del Parque de Atracciones de Madrid.
LOS QUEHACERES DIARIOS DE UN ASESINO EN SERIE A continuación comentaré escenas memorables: Comenzaré por la imprescindible y a la vez totalmente innecesaria escena de cama; en ella, el asesino viola a su novia por detrás a cámara lenta, siendo una secuencia gratuita, la cual sólo aporta unas pocas tetas (esto es una peli de Boll y la ración de senos es obligatoria) y una memorable hostia ralentizada (con sonido “Made In Matrix” incluido) que le mete el psicópata a su novia en todo el gepeto. Mientras le muerde los pezones a su amada, el demente va diciendo “¿Te duele, eh? ¿Te duele?”. Lo peor de todo es que a la chica parece que le acaba gustando que la maltraten, repulsivo.
Ya he hablado mucho de la escena de la snuff movie, y es que tiene tela, con esa ambientación tan mal lograda. Lo más cachondo es como uno de los presentes se empeña en hacer que la chica firme un papel para dar por consentido su asesinato, qué estupidez. “¡Fírmalo, fírmalo!”, exclama compulsivamente mientras la joven no hace nada por escapar de allí. Y ahora relataré el suculento final: Tras matar a la detective Smith, el asesino decide ir a por la mujer del protagonista, instalando una trampa en su casa, para que cuando el poli abra la puerta de su domicilio, active la trampa y su mujer muera. A la vez que el detective intenta salvar a su esposa, la televisión está emitiendo una entrevista en directo con el asesino, el cual es la estrella invitada de un programa en el que va a contar cuál es el camino que le llevó al éxito. Mientras el poli hace todo lo posible porque su mujer no caiga al vacío, el broker se pone a explicar que para alcanzar el éxito es necesario “robar y masacrar”, algo que alarma al presentador del programa, quien intenta dar paso a la publicidad, pero antes de que lo haga, el malo continúa su charla y añade: “Yo odio los anuncios, son tan comerciales. ¿Qué podría hacer para mantener la conversación a un nivel interesante?” y entonces, atención porque os vais a descojonar, Casper Van Dien se levanta de su silla a toda hostia y saca un cuchillo, rebanándole la garganta al presentador en directo y diciendo “¡Esto es la muerte!¡Tu muerte! ¡Me encanta la televisión en directo!”. El público empieza a chillar y a correr enloquecido, hasta que llegan los de seguridad, quienes son tiroteados por el psicópata, el cual consigue escapar ileso del estudio de televisión, manchándose un poco la manga de la camisa, la cual limpia fácilmente con un pañuelo y listo.
El poli, que mientras salvaba a su mujer estaba viendo el programa en la tele, sube a su flamante New Beetle para dar caza al asesino, quien se ha ido a su boda (el psicópata se casaba ese mismo día, olvidé decirlo) armado con varias pistolas, con la intención de matar a su novia y a todos los invitados. Paralelamente a estos sucesos, todas las acciones en bolsa que controla el homicida se van a pique, provocando un caso financiero, como resultado de un elaborado e inexplicable plan del broker. Todo este delirio continúa con una recreación a cámara lenta de las muertes de cada uno de los invitados a la boda, masacrados a tiros por el criminal. Tras no quedar nadie vivo, el asesino sale del salón de “Bodas, bautizos y comuniones” y se encuentra con tan sólo un único policía esperándole a la salida, el detective Renard. Es decir, que se ha cargado a varias personas en un programa de televisión en directo, ha jodido gran parte de la economía de EEUU y ha matado a 40 personas en una boda, y lo único que envían es un mísero policía con su pistolita, quien no tiene reparo en coser a tiros al asesino. Nada más morir el malo, finaliza la película de golpe y plumazo. Nadie sabe por qué cometió esas acciones, y tampoco sabemos si el mundo se encuentra al borde del caos financiero. Los títulos de crédito se encargarán de jodernos sin darnos explicación alguna. Todo queda sujeto a la imaginación del espectador. Ahora unas cuantas frases cutres: -“Ya no conseguimos atrapar a los malos, sólo contamos cadáveres. Soy como el contable de la muerte.” Esto lo dice el detective Renard al poco de comenzar la película. Qué profundo. -Cuando el protagonista se infiltra en el local donde se ruedan Snuff Movies, un guardia le impide pasar, a lo que el detective replica mostrando su placa de policía. El guardia insiste en que sin una orden de registro no puede entrar, y nuestro héroe decide pasar a la acción: “¿Qué eres, estudiante de derecho? ¿Has oído hablar de la ley de la gravedad?”, y al acabar la frase le mete un puñetazo en el estómago al guardia, tumbándolo en el suelo. -En otra escena aparece Eric Roberts (el jefe del prota) y les hace la siguiente pregunta a la pareja de detectives: “¿Tenéis algún sospechoso?” y Michael Paré, haciéndose el gracioso, contesta “Bueno, siempre había sospechado que eras gay”. -“Te lo juro, a veces me siento como una esponja, absorbiendo tu éxito por osmosis”, le dice uno de sus compañeros al broker durante una comida de trabajo. -El asesino ha sido retenido por la policía, ya que está haciéndose pasar por una persona que ha encontrado un cadáver en la calle. Los dos detectives deciden interrogarle: “Somos el detective Renard y la detective Smith, de homicidios. ¿Cómo se encuentra, señor?” y el Van Dien contesta supuestamente asustado “Pues... tengo las piernas como si fueran espaguetis cocidos”. EN POCAS PALABRAS Sanctimony es un telefilme con pretensiones, el cual no recomendaría a nadie jamás. Su trama es inconexa y absurda, hasta el punto de que al final la película te deja colgado sin dar apenas explicaciones de lo sucedido en el film. Una completa pérdida de tiempo que al menos sirve para acrecentar aún más la leyenda de Uwe Boll, “el destinado a convertirse en el peor director de todos los tiempos”. Nota: * * * Oso55 |
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