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MONDO SLASHER VOLUMEN 2: AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS 3-7-2006

AVISO: El aiguiente artículo contiene spoilers de las sagas Viernes 13 y Pesadilla en Elm Street

Autor: Rayo Gamma

PROLEGÓMENOS

Con unos años 70 de estupenda cosecha para el cine “de hacerse caquita encima” en general -gracias a películas como La Última Casa a la Izquierda (1972), Tiburón (sí, qué pasa, Tiburón, de 1975), Carrie (1976, con una continuación de mierda en 1999), La Profecía (también del 76, con dos secuelas en los 80 y con su infaltable lavado de cara en este 2006), La Invasión de los Ultracuerpos (1978, impagable ese chillido final de Donald Sutherland a lo Mariah Carey), Amytiville (1979 y... ¿es necesario repetir tantas veces lo de los remakes? Bueno, pues ésta también tuvo el suyo el año pasado) o Phantasma (cómo olvidar al desgraciado del enterrador ese de dos metros de altura, pelo blanco y tez sombría, que te lanzaba esas jodidas esferas metálicas que te hincaban la cuchilla y te exprimían cual vulgar naranja) - los 80 entraron febriles de la vorágine generada a raíz de este tipo de películas y, siendo ésta una década de excesos y desmesuras, pronto surgieron multitud de obras enfocadas hacia esta temática (amén de clones y derivados de las susodichas) que nos fueron dando una de cal y otra de arena a lo largo de los sucesivos años.

"Uuuuwweeee Boooolllll nuuoooooooooooo!!!"

El primer aviso llegó en forma de dos cañonazos que inauguraron estos delirantes años y abrieron de un portazo la tierra prometida del horreur para que todos sus pupilos ochenteros venideros se recrearan a gusto.

Uno no necesita mucha presentación: Alien: El Octavo Pasajero, dirigida por Ridley Scott en 1979. Este sacro tótem del celuloide destilaba terror y ciencia-ficción a partes iguales y en perfecta armonía, gracias a sus agobiantes y oscuros escenarios (mezclando la fría tecnología futurista con la viscosa casquería alienígena) y a los soberbios diseños de H.R.Giger que dieron luz al bicharramen macroencefálico más famoso (e imitado) del espacio.

Aquí hay amor

También fue determinante el gran carisma de Sigourney Weaver como la teniente Ripley (que para este papel se pensó en un primer momento en Paul Newman. He dicho PAUL NEWMAN), una tía con más cojones que todo el escuadrón ese de mariquitas (capitaneados por The Rock) que sale en la adaptación cinematográfica del famoso shooter en primera persona, Doom, y que le daría un severo correctivo a supuestas heroínas modernas tipo Lara Croft o Selene, de Underworld, con el simple vaivén de su pezón.

Hablamos de una obra maestra a nivel cósmico que, por supuesto, sufrió (y sigue sufriendo) en sus carnes los mil y un plagios descarados que ni de lejos han podido vislumbrar su divina aura (seguid intentándolo chavales) ni alcanzar su olímpico éxito.

En 1986 hubo su secuela. Aliens (de James Cameron, antes de ser el rey del mundo) otra maldita genialidad del género que todos recordaremos por la niña coñazo, las bambas Reebok futuristas de Ripley y el pedazo de robot conducido a lo Appleseed que le dio para el pelo al monstrenco.

Michael Jackson ha perdido el norte con tanta operación

El segundo de abordo es The Shining (El Resplandor, una novela de Stephen King, que ya había saboreado los dividendos de sus obras gracias a la antes mencionada Carrie), que nos abordó en el verano del 80 gracias a un Stanley Kubrick en la cúspide de su carrera, plasmando todas sus paranoias en su retoño (como en la pre y post producción, cuidada hasta tal punto que demoró su estreno hasta casi 2 años respecto a su primer día de rodaje) y a Jack Nicholson (como Jack Torrance) ejerciendo de guía espiritual para todo tarado desquiciado (que pierde la noción de la realidad y se lía a hachazos hasta con su mujer si se tercia) que se precie, siendo una figura muy importante para la cantidad de maníacos con cuchillos que asolarían nuestros queridos slashers y que beberían una y otra vez (y sin remordimientos) de los patrones establecidos por Nicholson/Kubrick .

Hay que decir que el escritor americano no pareció quedar muy contento con las licencias que se había tomado Kubrick, pero la verdad es que poco importó: la adaptación de su novela ya se había catapultado al universo de los mitos incunables y aún sigue provocando diarreas líquidas hoy en día.

Lástima que en España tuvimos que sufrir el espantoso doblaje (supervisado por el propio director, que no sé qué coño vio en la estridente voz de Verónica Forqué) que le hizo un flaco favor a la atmósfera del film y le restó demasiada verosimilitud.

Primeros efectos de una sobredosis de "Opá, yo viazé un corrá"

Así pues, con todos estos antecedentes (que abrieron la caja de Pandora de lo que constataba ser el mejor momento de forma para que todo un género cinematográfico desplegara las alas) el tema ya estaba listo y empaquetadito para empezar a rodar sólo.

IT'S SHOW TIME!

En esos nostálgicos primeros años lo que primaba era la diversión cazurra y la sangre barata, sin segundas lecturas ni chorradas trascendentes. El giro final “sorpresa” era lo de menos y si los protagonistas eran estúpidos y el malo invencible (y omnipresente), pues vale, es lo que había. Y a disfrutar.

Era la época de la alegría, de los videoclubs, de la anarquía global y de la cultura basura en su momento más álgido. El fútbol era para hombres (y no para moñarrones metrosexuales tatuados y enjoyados cual puta barata) y aún había algo de dignidad en Hollywood. Y todo eso se reflejó en la mayoría de sus películas fueran del género que fueran convirtiendo los 80 en una de las décadas más prolíficas que se recuerdan. Hubo joyitas en toda clase de géneros, pero hubo sobre todo el boom del cine de terror y, por ende, una locura masiva por ver a asesinos enmascarados perseguir tiernos adolescentes de encefalograma plano.

"Yo ya salí en el primer MONDO SLASHER, pero estoy tan buena que repito"

Así, en lo que nos concierne, la buena de Jaime Lee Curtis se convirtió en todo un icono generacional para este tipo de films, erigiéndose por méritos propios en la scream queen oficial gracias a, por ejemplo, Terror Train o Prom Night (ambas de 1980, y esta última protagonizada además por Leslie Nielsen, haciendo de papaíto de nuestra amiga, y que gozaría de una secuela bastarda en 1987 llamada Hello, Mary Lou, en la que no participaría ninguno de los dos), sin olvidar, Dios me libre, The Fog, otra ostia fantástica de un John Carpenter disfrutando el momento (y otra vez con su puta actualización de mierda en este 2006, protagonizada por el puto Tom Welling) que no era un slasher propiamente dicho, pero la Curtis se lo pasaba pipa chillando como una desalmada y enseñando a la mínima ocasión algo de muslamen.

Y no sólo eso, Carpenter siguió haciendo de las suyas en el cine fantástico con joyas como La Cosa (1982, inmenso Kurt Russell) o El Príncipe de las Tinieblas (1987), pero siempre disponía de tiempo para regresar a su “nave nodriza” y realizar nuevas entregas (con más o menos fortuna) de su niño mimado, Halloween, que en ese momento gozaba ya de múltiples clones como He Knows You're Alone, dirigida por Armand Mastroianni y en la que pudimos ver a un teenager ¡¡Tom Hanks !! desenvolverse la mar de bien en un más que aceptable slasher de pura cepa.

El director americano también echó mano de Stephen King para llevar a la gran pantalla su exitosa Christine (1983, y que no sería la única adaptación de una obra de King en este año, ya que también se estrenó Cujo, ese perro hijoputa que sitúa Rottweiler al nivel de Pippín), un film de culto que bebía claramente de los dictámenes establecidos por el slasher pero que tomaba otro camino a la hora de plantearlo y, por supuesto, a la hora de presentar al coche demoníaco con muy mala leche que quizá fue el primer serial killer motorizado.

"Que lástima que las adaptaciones de mis novelas en los 90 serán una puta mierda reseca"

NO SÓLO DE SLASHERS VIVE EL HOMBRE

Pero un buga asesino no fue el único psycho “diferente” que pudimos ver en los cines: en Basket Case (1982, también llamada ¿Dónde te escondes hermano?) presenciábamos un divertido delirio bizárrico sobre un ser amorfo de diabólicas intenciones cuyo hermano siamés, Duane Bradley, no ganaba para disgustos con el cabrón de su fratello. Hubieron también varias secuelas de similares características, que los más afortunados pudieron disfrutar en ese lejano programa de A3 de los domingos por la noche, llamado Noche de Lobos, que es de largo (y con permiso de Los Simpson) lo mejor que ha parido esta bazofia de canal.

No debemos olvidar tampoco la ultrafamosa Evil Dead (1982) más abocada a la vertiente “gore con zombies” que no al slasher al uso, pero con muchos de sus ingredientes (muertes que se suceden, casquería, protagonista sólo ante el peligro, etc.) y del que no podemos dejar de hablar como referente que es. El “arácnido” Sam Raimi fue su papi y éste era el primer paso para conformar quizá la trilogía más curiosa del cine, ya que su secuela era una especie de remake de la primera, y la tercera (El Ejercito de las Tinieblas, de 1993) se convirtió en un cachondeo padre alejado de cualquier atisbo de seriedad y formalidad.

"Y ahora vamos a hacer la cuarta, por mis cojones ¿vale Raimi?"

Actualmente hay rumores de una cuarta, aunque su protagonista Bruce Campbell (que se muere de ganas de rodarla) ya ha dejado claro que Raimi está demasiado ocupado haciéndose de oro con el trepamuros. No me extraña.

También Pinehead (ese cenobita amante de la acupuntura vasca) nos visitaba por primera vez en 1987 a través de Hellraiser, que cuenta ya con multitud de deprimentes secuelas, siendo tan baja su aceptación hoy en día que la última que nos ha llegado acerca de esta saga es que la han fusionado con la de Ángeles y Demonios, protagonizada en su día por el sensei Christopher Walken. A esto le llamo yo desesperación.

"Esto no es nada. Si viérais cómo tengo el escroto..."

Otro ejemplo claro es Child's Play (Muñeco Diabólico, 1988, y que tuvo dos dignas continuaciones en los 90... Hasta que en 1998 llegó La Novia de Chucky, y en 2004 La Semilla de Chucky. Puarghs), donde un inocente muñequito de angelical semblante sembraba el terror (y sin pilas) en la vida del chiquillo Andy, ya que en su interior se albergaba el espíritu del peligroso Charles Lee Ray, un despiadado asesino adicto a rebanar tiernos pescuezos y necesitado de un nuevo cuerpo humano.

Como podemos ver, Teo ha tenido una vida difícil desde que dejó de protagonizar libros infantiles

SUMA Y SIGUE

Además, la lista de títulos a recordar en el tema que nos ocupa sería interminable: Pieces (1982) con otro amante de las motosierras sembrando el pánico en un campus universitario; Sleepaway Camp (1983) ambientada en el típico campamento de verano asediado por el killer de turno, y con varias secuelas hilarantes a sus espaldas; la genial saga Silent Night, Deadly Night (1984) sobre las andanzas de un Santa Claus sádico al que le importaba tres mierdas la Navidad, y que gozó de bastantes secuelas en los 90; The Hitcher (1986, llamada aquí Carretera al Infierno) con un Rutger Hauer inmenso y que tampoco se ha librado de su obligatorio lavado de cara para el año que viene; la flipante Maniac Cop (1988) dirigida por William Lustig (que también rodaría sus dos secuelas en la siguiente década) y con la presencia estelar de Bruce Campbell en el reparto, Intruder (1989) dirigida por Scott Spiegel y con un cameo del mismísimo Sam Raimi, que le devolvería el favor haciéndole aparecer brevemente en las dos de Spiderman; Shocker (1989), aquí Wes Craven intentó crear otra franquicia con la que ganarse el pan, pero fracasó, etc.

Pero antes de acabar convirtiendo este artículo en una base de datos fría, aburrida y sin alma (y sabiendo de antemano que subrayar todas las aportaciones slasheras de estos locos diez años es una tarea ardua y difícil, amén de dejarme demasiadas en el tintero con lo que seguro que nadie quedaría contento) creo imperativo ir al meollo de la cuestión y destacar LAS dos sagas por antonomasia que surgieron en esta época dorada. Hablo (en pie, por favor) de Viernes 13 y Pesadilla en Elm Street.

Sí amigos, al margen de debates frikis y absurdas peleas entre hooligans de ambas franquicias, no cabe duda de que estas dos obras del séptimo arte calaron tan hondo en la juventud de esa época (y en los bolsillos de sus responsables) que su memoria sigue latente en todos nosotros a través de los grimosos susurros sincopados que precedían a la aparición de Jason Voorhees o de la jodida cancioncita chunga de cuna cantada por esas malditas niñas jugando a la comba en homenaje a Freddy Krueger.

MADRE SÓLO HAY UNA

"¡¡Estoy harto de metrosexualesss!!"

Por un lado tenemos Viernes 13 (1980), dirigida por Sean S. Cunningham (que luego haría la, para mí, infaltable House, y no hablo precisamente de la serie del médico cojo de Singer) y protagonizada por el portero de hockey más famoso del mundo. Su triste pasado nos contaba cómo en el campamento de Crystal Lake los impresentables de los monitores estaban más pendientes de darse el filete entre ellos que no de vigilar a los críos, y es por eso que el pobre Jason Voorhees moría ahogado en el lago mientras sus agónicos gritos de auxilio eran ignorados por sus responsables.

Años después el campamento reabría sus puertas y pronto se sucederían brutales asesinatos por parte de un sádico, que acabaría siendo la propia mamá Voorhees (de nombre Pamela e interpretada -y sobreactuada- por Betsy Palmer) en pleno frenesí vengativo. Entre el plantel de actores es curioso ver a un jovencísimo Kevin Bacon haciendo un pequeño papel y escenificando una de las mejores muertes de la saga, esto es, su garganta vilmente atravesada por una flecha. Quién te ha visto y quién te ve Kevin.

Además, su popular “susto final” quedó grabado a fuego lento en las retinas de la humanidad y presentó al mundo, ahora sí, a uno de los más célebres asesinos en serie del mundo psychogore, que sí protagonizaría en toda regla sus mil secuelas.

En las sucesivas entregas (hasta llegar a 10) nuestro asesino favorito la espichaba de absolutamente todas las maneras habidas y por haber, para acabar resurgiendo en la siguiente, cual ave fénix, para seguir dando por culo a cualesquiera de los desalmados jovencitos adictos al sexo que les diese por copular a medianoche en medio de cualquier solitario bosque cercano a sus dominios.

Aunque la solidez de su leyenda es indiscutible, es justo reconocer que a sus creadores se les fue la pinza con su retoño: en una de sus últimas entregas quisieron darle una explicación sobrenatural (y patillera) a la cansina inmortalidad de Voorhees, a través de una especie de bicharraco-parásito que una vez muerto su cuerpo huésped se iba a otro nuevo para seguir con su faena. Ole ahí esos guionistas y sus huevos. Para rizar el rizo, en su décima entrega (llamada Jason X, de 2001) se envió al agónico psicópata del mono de mecánico al espacio para convertirse en una suerte de mega asesino ultramoderno a lo Terminator, que situaba este capítulo a la altura de un vodevil futurista al servicio del humor y el despropósito.

Todos sabemos lo que pasará en breve con el negrito ¿verdad?

Por si alguien lo dudaba, se prepara precuela (y van...) que será producida (al igual que la mayoría de los capítulos de la serie) por Cunningham, su papaíto. Pesados que son, oyes.

FREDDY IS IN DA HOUSE

El segundo en discordia es la maldita bomba. Sólo a un demente como Wes Craven (que ya había dado muestras de su desequilibrio con Las Colinas Tienen Ojos, de 1977, con secuela en 1985 y revisión lista para este verano... Y en preparación ya su continuación para el 2007) se le podía ocurrir la idea de crear a un perturbado que se te cuela en los sueños para arrasar con todo y enviarte al otro barrio. Y sólo él pudo dotar a este maníaco de un origen tan interesante como el suyo: Freddy Krueger fue en vida un cruel asesino de niños que, viendo el pasotismo del juez que lo exculpó, fue quemado vivo por los propios padres de las víctimas, que se tomaron la justicia por su mano. Años más tarde regresaría del Averno para vengarse de ellos matando a sus propios hijos mientras sueñan con los angelitos.

No tuvieron que maquillar mucho a Jordi González para dar el pego

No hace falta decir que dicha peli alunizó en el cerebro de la gente como un misil tierra-aire, gracias a su original puesta en escena que combinaba un claro humor negro con el sadismo más recalcitrante visto hasta entonces. Su ventaja respecto a Vorhees fue que, gracias a la sobrenatural y onírica manera que tenía Freddy de liquidar a sus muchachos (se metía en sus sueños para convertirlos en sus mayores temores y fobias, basándose en sus miedos más profundos), las posibilidades para los guionistas eran infinitas, y se las podían ingeniar de las mil y una formas para plasmar las escalofriantes muertes de sus presas. Este hecho le dio mucha riqueza visual y espectáculo macabro a la franquicia y, de paso, huía de lo previsible, factor tan común en estas películas de asesinos que siempre acechan detrás de la puerta/espejo y que si consiguen acabar con alguien es porque los protagonistas son lerdos y se lo ponen en bandeja.

En su primera entrega asistimos al debut del rarito de Johnny Depp, sufriendo en sus carnes lo que Freddy Krueger era capaz de hacer. Entonces era un pobre cachorrillo que tenía que comer y hacerse un huequecito en el mundillo.

La locura por este deformado fantoche de sombrero bogartiano, jersey a rayas y guante con cuchillas llegó a tales cotas que su ingente merchandising (cómics, novelas, figuritas, etc.) desbordó las estanterías de las tiendas y se llegó a realizar una serie para TV llamada Las Pesadillas de Freddy, que por mucho que le diera mil vueltas de tuerca al asunto no cuajó en demasía ni para sus más acérrimos fans.

"¡¡Por favorrr, quita ya a Los Planetasss!!"

Hoy en día esta gran saga cuenta con 7 entregas que dan forma a la leyenda Krueger, de las que recomiendo encarecidamente la primera (que es quizá la más cruda y terrorífica y donde el azotador de sueños se llamaba Fred), la tercera (The Dream Warriors, un delirio comandado por el propio Craven y con la protagonista original, Nancy, de vuelta, secundada por actores en estado embrionario como Patricia Arquette o Laurence -aquí Larry- Morfeo Fishbourne) y la cuarta (The Dream Master , en la que sale un perro llamado sospechosamente Jason), ya que la quinta (The Dream Child, que quiso ser más oscura y psicológica, y encima le cambiaron el maquillaje a un Freddy con sobrepeso) es normalita, la sexta (The Final Nightmare, con cameos de Depp, Alice Coper y Roseanne) floja, la séptima (The New Nightmare, con el retorno de Nancy, junto a Wes Craven haciendo de sí mismo y enviando al Hades a su propia franquicia) mala de cojones y, para acabar, la segunda (Freddy's Revenge, que destilaba un tremendo aroma gay y mandaba a la porra todas las “normas” de la saga) directamente repulsiva.

(NOTA: Os remito al increíble artículo que realizó Wally Week para la web de Viruete acerca de esta segunda parte, que es, sin duda, la peor entrega de la serie)

Aquí sorprendieron a Freddy cagando

En estos momentos su espíritu sigue más vivo que nunca (gracias a cierta película que lo enfrenta a su amiguito de la máscara agujereada, de la que ya hablaré más adelante) y parece ser que hay una precuela en camino dirigida por John McNaughton (Henry, retrato de un asesino) y en la que se asegura que el gran Robert Englund volverá a aparecer por la puerta grande.

Y hasta aquí este modesto repaso de lo que nos aportó la década de la laca, las hombreras y demás horterismos psicotrónicos. En el próximo capítulo la caída de los grandes en los 90 y su resurgimiento de la mano de otro grande. ¿Os lo vais a perder?

MONDO SLASHER VOLUMEN 1

MONDO SLASHER VOLUMEN 2

MONDO SLASHER VOLUMEN 3

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