EL SECRETO DE LA PIRÁMIDE 15-4-2006

Autor: Seth

Toda historia tiene un comienzo, todo héroe tiene un pasado y para comprenderle y poder admirar su figura y leyenda en toda su dimensión es preciso conocerlo. Por norma general el cine ha inmortalizado a sus grandes personajes fotografiándoles en el apogeo de su esplendor, retratando sus aventuras una vez convertidos en los tipos que ya conocemos, enfundados en sus respectivas mallas. Sin embargo, de vez en cuando, la magia del cine nos permite acceder a facetas que desconocíamos y descubren para nuestro deleite una serie de pequeños detalles que humanizan a estos semidioses de mármol y los bajan del pedestal convirtiéndolos en seres humanos dignos no ya sólo de nuestra admiración, sino también de nuestro afecto; Smallville, Batman Begins y Casino Royale son buena y reciente muestra de ello.

Pero no hablaremos por ahora de los señores Kent, Wayne y Bond así que, corriendo un tupido velo tras el pasado y pomposo párrafo (fruto de un largo viaje y una resaca mal curada), es hora ya de presentar a los protagonistas de nuestra película de hoy, El Secreto de la Pirámide. Ellos son tres internos de un vetusto colegio inglés donde además de a combinar extraños líquidos en laboratorios les enseñan a batirse en duelo; son dos chicos y una chica, el protagonista principal, huérfano, es conocido por su gran inteligencia y sus habilidades en toda la escuela, mientras que el otro muchacho es el clásico secundario cómico algo cobarde que, sin embargo, acaba salvando al protagonista; en la misma escuela conviven un rico y odioso estudiante rubio que tratará de hacerle la vida imposible al protagonista, llegando incluso a conseguir que lo expulsen, y un profesor... bueno, obviaremos esta parte de la gracia. En definitiva amiguitos estamos ante todo un clásico de la literatura que, como todos ustedes ya habrán adivinado sagazmente, responde al nombre de H...olmes, Sherlock Holmes. Centrémonos ahora en destripar como de costumbre la historia de la película, pero por pillarme en un día moñas lo haremos de un modo sutilmente diferente... Por un lado comentaremos en cursiva los asesinatos y pistas que llevan al señor(ito) Holmes a resolver los crímenes de la pirámide y por otro los pequeños detalles que acabarán convirtiendo al espigado estudiante de la película en el mejor detective del mundo (con permiso del mencionado Bruce Wayne).

Primer Asesinato

Una sombra encapuchada persigue al bueno (imaginamos) del señor Bentley Bobster hasta un restaurante cercano a su casa, justo antes de entrar le dispara con una cerbatana un minúsculo dardo envenenado. Los efectos del veneno no tardan en llegar haciendo que las alucinaciones se sucedan unas tras otras hasta que el pobre diablo acaba saltando por la ventana de su dormitorio.

Aún en navidad, Paco Porras no olvida su cita ritual con la tierra.

Primer encuentro

El futuro doctor Watson llega a Londres, a su nuevo colegio tras el desastroso incendio del anterior (¡como Buffy!). Watson es un chico del norte de Inglaterra, gordito, con gafas y algo tímido, por lo que según los Protocolos de Milhouse necesita a un compañero al que idolatrar para que le sirva de modelo, así que encuentra a quien acabará siendo su compañero de piso y aventuras, el brillante Sherlock Holmes (interpretado por Nicholas Rowe, primo de Sócrates el de Al Salir de Clase), que trata infructuosamente de tocar con maestría el violín.

Contra todo pronóstico, acabó de comparsa de la familia Bold

Sorprendentemente Sherlock tiene novia (¡chuparos esa gays destructores de mitos! Bueno... mejor no chupéis nada). Una vez presentada, Watson descubre (a un encapuchado escondido manipulando libros sobre la historia de Egipto) que es la sobrina del profesor Waxflatter, un jubilado que aún reside en el colegio experimentando con maquinas voladoras desde su desván; él es su principal mentor (y quien le enseña lo de “Elemental, querido...) por encima de su profesor de esgrima y gran valedor en el colegio, el profesor Rathe , que vive con su ama de llaves, la señora Dribb.

La muchedumbre aplaudió maravillada a Camilo José, tras su truco de la palangana.

Segundo Asesinato

El mismo encapuchado del primer crimen (fan sin duda de Milady de Winter) cruza velozmente el patio del colegio, pero el perro de Elizabeth (la novia de Holmes, avispados lectores) le sorprende in fraganti y lo persigue hasta arrancarle un trozo del vestido de un mordisco. El puñetero asesino huye hasta dar con su segunda víctima para desgracia de toda una generación que creció aterrorizada por culpa de esta escena; el asesinado es el párroco del colegio, el método es el mismo y la alucinación en este caso consiste en que un caballero dibujado en la vidriera de la iglesia cobra vida por obra y gracia de una recién nacida Pixar. El cura, acongojado como los niños que contemplaban la película pegados al sillón lleno de palomitas revenidas, acaba siendo atropellado por un carromato en plena huida.

Igualito que el logo de la gaseosa La Industrial de Guadalajara, por eso bebo CocaCola.

Descubriendo a Holmes

Watson (cuya voz en off resulta estar doblada por Luis Posada Mendoza, el genial Doc y el entrañable Marcus Brody) asiste por primera vez a lo que parece una divertida y moderna tradición en su colegio, retar al ingenio del joven Sherlock Holmes. Dudley (el rubio tocapelotas sin pelotas equivalente a Draco Malfoy) esconde uno de los trofeos de esgrima de la escuela y Holmes hace gala de sus habilidades deductivas para encontrarlo con el culo pegado a la hora cual Phileas Fogg. En venganza por haber sido vencido, el valiente cabrón hace creer a los profesores que Holmes copia en los exámenes para que le expulsen... afortunadamente los conocimientos de química del flemático Sherlock permitirán que el cerdo de Dudley no salga indemne del agravio.

Niños, si os tocáis la sardina, os quedaréis albinos.

Visita a Lestrade y tercer asesinato

Holmes, que además de ser muy limpio es muy listo, descubre en el desván de su mentor las dos necrológicas de los asesinados y comienza a sospechar, por lo que acaba en el despacho del detective Lestrade quien gentilmente le manda a tomar por... Ambos muertos se licenciaron en la misma universidad, el mismo año y, curiosamente sufrieron graves trastornos de personalidad momentos antes de morir “accidentalmente”.

Capote meets Holmes

Algo extraño debe relacionarles con el profesor Waxflatter y un peculiar personaje con el que se relaciona últimamente pues las necrológicas se encuentran en su despacho, tristemente antes de que pueda consultarle el profesor es asesinado por el mismo encapuchado, con el mismo método en un anticuario. Unas gárgolas tamaño Salma Hayek le atacan y acaba apuñalándose creyendo que las asesina a ellas. Afortunadamente el encapuchado pierde su cerbatana en la huida y la recoge el joven Watson, que por supuesto no sospecha que sea el arma del homicida, decorada con motivos... ¡egipcios, albricias!. Para mas inri el profesor moribundo desvela el nombre del asesino, Eh-Tar, de tal forma que los aficionados a Scooby Doo y los que vieron Una Pandilla Alucinante ya saben quien es.

Zuuuuuuul

El entierro

Sherlock, al contrario de Conan, sí que llora... concretamente dos veces en toda su vida, casualmente en la película somos testigos de sendas cataratas oculares así que podemos sentirnos afortunados. La primera vez es, como es normal, en el entierro de su mentor, la segunda... ya llegará. Pero no todo son desgracias ya que de él heredará... ¡la gorrita de detective con la que todos nos lo imaginamos!. Holmes, que habiendo sido expulsado debería estar escuchando el sermón de su hermano (listo) Mycroft, descubre al tipo con el que Waxflatter se reunía asistiendo al funeral y decide que hay que ponerse a investigar en parte porque se huele algo, y en parte porque si no menuda mierda de película, ¿no?. Investigando la cerbatana descubren, gracias a un anticuario que les proporciona otro de los iconos del personaje, la pipa , que procede de una taberna egipcia de los suburbios londinenses. Allí el dueño de la taberna se acongoja al ver el arma y comienza a amenazarles para que se vayan al grito de Rametep (evidentemente no se escribe así, el que lo escriba correctamente se gana una bolsa de sugus de mi parte)

"Hola, soy un estereotipo egipcio"

Tras el susto deciden ir a la biblioteca del colegio a buscar el libro que el encapuchado estaba colocando cuando Watson fue presentado a Elizabeth, ahí descubren que el Rametep era un grupo de fanáticos que adoraban al dios de los muertos y que usaban como arma la cerbatana con dardos envenenados que provocan alucinaciones. Como el perro de Elizabeth arrancó un trozo de tela del asesino deciden analizarlo, con lo que descubren que es de procedencia egipcia y esta manchada de parafina, una sustancia que solo se fabrica en un almacén de los barrios bajos.

Allí descubren... ¡una pirámide! (¿Cómo sospecharlo, eh?), en la que se adentran para descubrir con espanto (y mucha caradura porque huele al Templo Maldito que apesta), que dentro la secta de los Rametep celebra extraños ritos en los que sacrifican a una chica. Indignado, Holmes se delata y todos los pelados que conforman la extraña agrupación les persiguen como locos hasta llegar a un cementerio, donde los tres pichones comienzan a sufrir alucinaciones y se mueren. Fin de la película.

¿Sobrevivirá Watson a su primer Bukkake?

Como evidentemente era mentira y sobreviven acaban todos visitando a Lestrade, quien les vuelve a mandar a paseo incluso con los dardos envenenados delante como prueba. Para mayor desgracia, justo después de descubrir por un dibujo quien era el tipo que visitaba a Waxflater y que relación tenía con él y los muertos , el amigable profesor Rathe descubre al trío en el desván y, como era de esperar, se cabrea porque Holmes debería llevar varios días fuera de las instalaciones del colegio así que les encierra a los tres para ser debidamente expulsados a la mañana siguiente.

Adivinad por su cara, dónde ha estado la mano.

Como era de esperar se la pela y se escapan, yendo a parar a la casa del tipo extraño, que resulta llamarse Chester Cragwitch y ser un viejo amigo de todos los asesinados.

De jóvenes, él y los fiambres de le película intentaron construir un hotel en Egipto, pero tuvieron la fortuna de encontrar restos arqueológicos que acabó expoliando el gobierno inglés. Los aldeanos montaron en cólera y se formó la Dios es Cristo, nadie sobrevivió en aquel lugar... pero Chester y sus colegas pronto recibieron cartas de una pareja de hermanos (chico y chica) anglo-egipcios cabreados porque su pueblo había sido arrasado, en la carta, firmada por el tal Eh Tar, se les amenazaba con reinstaurar la secta de los Rametep, asesinarlos y reemplazar las momias de princesas robadas con otras tantas muchachitas inglesas.

Evidentemente lo que viene después es el final que no desvelaremos, aunque a estas alturas sabiendo que los malos son chico y chica, tienen acceso a la biblioteca del colegio y uno se llama Eh Tar ya deberían saber ustedes de quienes estamos hablando. De cualquier forma, como me gusta ser un puñetero recuerden que... Sherlock Holmes no tiene esposa , niños. ¡Ah, no olviden quedarse hasta el final de los títulos de crédito que vienen con suculenta sorpresa!

Qué demonios, ahorráos 10 minutos de letras

Critiquemos pues

La productora es Amblin, lo que quiere decir que detrás de todo esto está Steven Spielberg e Industrias Light and Magic, el guión es de Chris Columbus (Los Goonies, Los Gremlins) y lleva un rollo de aventuras juveniles como ochentera que es, así que mi opinión es bastante evidente. El Secreto de la Pirámide es un peliculón de los que se deben enseñar a nuestros menores, la ambientación es casi perfecta, los efectos especiales sorprendentemente se mantienen a un nivel que sonrojaría a muchas superproducciones actuales, la música es fantástica y las interpretaciones... bueno, quizás no sean lo mejor de la película pero no la desmerecen, desde luego. Los guiños a las películas, más que a los libros, son numerosos, la historia tiene su miga y los personajes traen el encanto de serie.

Por desgracia, a pesar del final más que abierto, nunca llegó a producirse ninguna secuela pues la taquilla en los Estados Unidos fue un estrepitoso fracaso (valientes imbéciles los americanos de los 80, que también se cargaron Willow). Los protagonistas se comieron los mocos y el director, Barry Levinson, pues acabó saboreando las mieles del éxito poco después gracias entre otras a Rain Man.

Quien sabe si dentro de unos años nos veremos hablando con esta misma nostalgia de Narnia y Zathura, pero hoy por hoy... pfff, tal vez sea porque ya no somos niños.

Comenta este artículo en el foro

Para una óptima visualización del sitio web, se recomienda utilizar el navegador Internet Explorer y una resolución de pantalla de 1024x768 Píxeles. Contenido Original © 2005-2006 Cinecutre

NOTICIAS

CRÍTICAS

ESPECIALES
DIRECTORES
ACTORES
FRASES
ESCENAS
CACAMAN´S BAKERY
LA NEVERA DE ZUUL
JUEGOS
PREMIOS
FORO
TRIBUNA DE OPINIÓN
SOBRE LA WEB
AFILIADOS