Aunque no lo parezca, Cacaman, además de devorar toda la basura cinematográfica que encuentra a su paso, posee inquietudes artísticas que vuelca en sus cortometrajes experimentales. Todos ellos, caseros, rodados con 2 pesetas y con los amigos. Una auténtica y risible puta mierda, con los que ha iniciado un movimiento conocido como Cineme Garage.
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