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| Título original: | The Last Samurai |
| País: | Estados Unidos |
| Duración: | 154′ |
Consciente del creciente fanatismo que existe en Occidente por todo lo relacionado con el país del Sol Naciente, el siempre polémico Tom Cruise aprovechó para irse a Japón y rodar El Último Samurai, una épica epopeya que podría ser considerada como el equivalente cinematográfico de un restaurante chino, es decir, pseudoestética oriental maquillada para el gusto de los occidentales.
Los recortes de presupuesto, hicieron mella en las batallas
También conocido como El Último Tostón, nos encontramos ante un soporífero filme de corte épico y duración exagerada (de esos que están tan de moda últimamente), escrito para el total lucimiento de su protagonista y que no aporta nada al género. Pero todo eso no le ha impedido ser una película muy valorada por el público, gracias al poder hipnótico y cegador de los kimonos y las katanas.
TOM CRUISE ES EL ÚLTIMO SAMURAI DEL JAPÓN
Este tedioso y sensiblero largometraje, repleto de insultos a la inteligencia y cuya trama avanza a pasos de tortuga reumática, comienza con una voz en off que repite 3 o 4 veces la palabra “Japón”, (para incrustárnosla en el cortex y lobotomizar a la masa otaku) y después se nos narra una intragable historia de un samurai que se planta en aquel país, y en pocos meses se convierte en un pedazo de espadachín.
La peluquería de Rupert ha endurecido sus métodos
En un principio, la película muestra cierto compromiso y se moja (eso sí, de manera infantil y sencilla, no sea que le exploten las meninges a los espectadores de Alabama), cuestionando duramente la deleznable política exterior que llevaron a cabo los EEUU. Pero todas estas reconfortantes críticas se van al garete en cuanto la película nos descubre que el mismísimo último samurai de la historia de Japón, fue un americano, nada más y nada menos que Tom Cruise, por lo que la propaganda pro-yankee se multiplica por 2.000 elavado a infinito.
Secuelas de una egolatría avanzada
El título de la cinta ya nos lo anticipaba, pero aún así, impresiona llegar al final y encontrarse con un estúpido desenlace, donde Cruise resulta ser el único superviviente de una batalla en la que todos los samurais de Japón fueron masacrados. Y es que al ser una producción pensada para el total lucimiento de Cruise, no hubo cojones de cargarse a su personaje.
NORTEAMERICANOS VS JAPONESES
“M´a mirao mal…”
Tom Cruise, tras ser capturado por los rebeldes samurais, sufrirá un trastorno psicológico y algún que otro delirio paranoide, que le llevará a enamorarse irremediablemente del estilo de vida japonés, y a convertise en el mejor espadachín que jamás ha conocido Japón, un semidios inmortal al que cosen a tiros en la batalla final, pero estos no le producen ni un sólo rasguño, y en apenas 20 segundos olvidará completamente el dolor, para ayudar a su amigo Katsumoto a lograr una muerte digna.
“Oye chaval, ¿es que aquí no tenéis sillas ?”
Algunos de los compañeros americanos de Cruise son William Atherton (el tocapelotas sin pelotas de Los Cazafantasmas), y el músico y actor Billy Connolly, quien guarda un enorme parecido con John Cleese, e interpretó al profesor Billy en la teleserie Los Primeros de la clase. Pero entre todos los secundarios occidentales, el que más llama la atención es el fotógrafo gordo, un personaje que nadie sabe qué cojones pinta en la trama, ya que su presencia es gratuita, y sin venir a cuento, se pondrá del lado de Tom Cruise (es decir, del lado de los samurais rebeldes) y le apoyará en la batalla final. “¿Pero este gordo de dónde ha salido?”, “¿Y por qué ayuda a Tommy?”, son preguntas que rondarán la cabeza de algunos espectadores.
“¿Qué narices hago en medio de esta batalla, que ni me va ni me viene?”
El personaje más destacable de todo el elenco es Katsumoto, interpretado por Ken Watanabe, sin duda lo mejor de la película y quizás lo único por lo que merece la pena visionarla.
Entre Nathan y Katsumoto surgirá algo más que amistad
Los japoneses tienen por monarca a un tarado mental, al que en la versión española han endiñado un risible doblaje, que parece realizado por un camarero de un restaurante chino, recién llegado a España. El resto de japoneses tampoco se libran, y parecen doblados por una familia de rumanos de la periferia madrileña.
El malo de la película es Omura. En un primer momento, parece un tipo afable, pero para que el espectador borre inmediatamente de su cabeza esa impresión, nos plantan entre sus secuaces a un tipo con una quemadura en la cara, que se asemeja a los típicos matones chinos a los que gente como Willis, Chuache y compañía pateaban el culo allá por principios de los 90.
Con esa cara de malo, fijo que es primo de Al Leong.
Seguro que es capaz de lanzar el sombrero al estilo Oddjob.
SAYONARA
El sensiblero de Edward Zwick , rueda una cinta lentísima y tan reiterativa, que llega a caer en la estupidez de plantarnos un flashback de algo que acaba de ocurrir hace un instante (me refiero, por supuesto, al combate que Tom Cruise libra con 4 espadachines, escena que tras acabar, ese repetida a cámara lentísima). Y los numerosos planos estilo “postal”, aunque bonitos, son de una belleza artificial y forzada, y tratan de compensar las carencias visuales de una dirección aburrida y falta de talento.
Con respecto al aparente mensaje que intenta transmitir la película (“no es bueno que una cultura se abra radicalmente al mundo, perdiendo su identidad”, o algo así), éste resulta confuso, ya que queda empañado por la cuestionable exaltación de valores feudales (en los tiempos en los que vivimos, no me parece una buena idea lanzar una película que glorifica los, muy respetables en su contexto, valores samurais), y la presencia de diversas tonterías, como la inmortalidad del protagonista. Cruise quería rodar un filme con el que arrasar en los Oscar, pero finalmente se comió los mocos, por ególatra y pretencioso.























Vaya pues, que no me pareció tan mala, no es una obra de arte, of course, pero tampoco es que no tenga nada que resaltar. Para mi, el contraste en el Japón al que llega Cruise (he olvidado del nombre de su personaje) y el que se ve al final es impresionante, no en balde el filme está ambientado en la Renovación Meihi, cuando el Japón comienza su proceso de desarrollo moderno jalándose “asesores” de todo el mundo (eso es lo que hace el gordito en el film y es el papel del personaje de Cruise). Es cierto que todo lo de enmedio (la estancia de cruise en el “Japón profundo”) está demás y que el mensaje es ramplón y cursi, pero bueno, ¿no es lo que uno espera de un filme de don Tomás Cruce?