Review

Titulada originalmente como Sanctimony (una palabra que no tiene traducción a nuestro idioma), Siniestro es un aburridísimo thriller que constituye la respuesta de Uwe Boll al clásico Seven de David Fincher, filme al que copia descaradamente.

 

Un cruce entre American Psycho y Seven

 

Editada por esa gran productora de basura que es Filmax e interpretada por un elenco actoral con un prestigio forjado en las estanterías de los videoclubes, Siniestro narra cómo un par de detectives tratan de dar caza a un peligroso asesino en serie que mutila a sus víctimas y las derriba, según Michael Paré, “utilizando técnicas indias”, como así demuestran los cadáveres atravesados por flechas que aparecen al inicio del filme (es inevitable pensar en un mamarracho con plumas sembrando el caos por la ciudad).

 

Nueva York bajo el terror de los indios

La pareja de detectives está formada por Renard (Michael Paré) y Dorothy (Jennifer Rubin). El primero de ellos, poseedor de un flamante New Beetle (que lucirá en gran parte del metraje, en lo que parece una descarada campaña publicitaria de Volkswagen), tiene la capacidad de deducción de un niño de primaria y atraviesa una crisis con su mujer, quien le obliga a posar en bolas para los reportajes fotográficos que elabora junto a las marujas de sus amigas.

 

En cuanto a Dorothy, sus dudosos métodos de investigación contemplan la posibilidad de ligarse a los sospechosos, algo que le supondrá la muerte tras flirtear con el auténtico asesino. Eso le pasa por puta, que dirían algunos.

 

La ineptitud de ambos detectives les llevará a plantear todo tipo de absurdas hipótesis y a mantener diálogos como el siguiente:

 

Dorothy:- ¿Qué tenemos?

 

Renard:- 15 cadáveres, hombres y mujeres, todos con un rasgo facial amputado.

 

Dorothy:- ¿Los 6 primeros?

 

Renard:- Ojos arrancados.

 

Dorothy:- Para no ver el mal. ¿Los 6 siguientes?

 

Renard:- Orejas cortadas.

 

Dorothy: -Para no oír el mal. ¿Los últimos tres?

 

Renard:- Tres lenguas cortadas.

 

Dorothy:- ¿Por qué 6?

 

Renard:- No lo sé. ¿6, 6, 6? ¿El número del diablo? Quizá la aparición del Anticristo.

 

Dorothy:- Osea que habrán otros tres antes de que se rompa la pauta. A menos que nos equivoquemos. Es lo de siempre, lo cogeremos o dejará de matar, siempre lo hacen. No parará hasta que no le detengamos, es un acuerdo tácito entre los criminales más duros y los polis, nada dura para siempre, ni siquiera el crimen.

 

“Y ahora os deleitaré con mi interpretación de figura del museo de cera”

 

¿Y quién es el asesino? Pues un broker multimillonario apodado Monkey Killer, que maltrata a su novia, a la que propina memorables hostias a cámara lenta en toda la jeta (con sonido “Made In Matrix” incluido) mientras la sodomiza.

 

Al broker un día se le va la olla y, sin dar explicaciones, decide matar a todos los que le rodean, porque no merecen vivir (el único personaje con el que me identifico de toda la película). ¿Y quién lo interpreta? Pues Casper Van Dien, cuyo papel de asesino impávido le viene como anillo al dedo, ya que de esa forma pudo prescindir de algo que se le da bastante mal: la interpretación.

 

Cerrando el reparto encontramos a Eric Roberts en el papel de superior tocahuevos, que se pasa toda la película presionando a los protagonistas para que resuelvan el caso antes de que intervenga el FBI (lo de siempre, vamos).

 

“Desde que trabajé con Uwe Boll, me llueven las ofertas”

CUANDO EL BULLET TIME AÚN NO EXISTÍA

En esta ocasión Uwe Boll está mucho más comedido que en House Of The Dead, ya que aún no había descubierto las bondades del tiempo bala. Pero eso no le impide abusar injustificadamente de la cámara lenta, sobre todo en el “anticlímax” final, un tiroteo rodado a piñón fijo con una ralentización de varios minutos.

 

El metraje está salpicado de pequeñas mini-secuencias (al estilo de Seven y Minority Report) rodadas con planos de medio segundo, combinados con sonidos rápidos, frases inconclusas y música punchancha, en un intento por dotar de atracción visual a un filme que carece de ritmo, y cuya fotografía de colores chillones y el falso humillo que decora los callejones, le otorgan una ambientación de club de alterne.

 

“Veo como una luz roja de puticlub. ¿Seguro que esto no es la Sala Bagdad?”

MEJORES ESCENAS

-Rodaje Snuff:

 

En una escena aparentemente relevante (a la que no se vuelve a hacer la más mínima referencia en toda la película), el protagonista se cuela en el rodaje de una snuff movie, donde una prostituta sujetada de mala manera pide auxilio con la misma intensidad con la que alguien pide la hora, y un tipo con gafas le presiona para que ¿¿firrne un papel donde consiente su asesinato?? Me imagino el juicio:

 

Acusado:- “No somos culpables de nada, aquí tengo un papel donde la víctima acepta ser tiroteada”

 

Juez:- “Ah, en ese caso queda usted en libertad. Y por favor, procure no rodar snuff movies sin el consentimiento de las víctimas. Se levanta la sesión”.

 

-Asesinato en directo:

 

Cerca del desenlace, el broker asesino es entrevistado en un programa de televisión, donde explica que para alcanzar el éxito es necesario “robar y masacrar“. Tal actitud alarma al presentador, quien trata de dar paso a la publicidad. Pero el asesino continúa hablando y tras añadir “Yo odio los anuncios, son tan comerciales. ¿Qué podría hacer para mantener la conversación a un nivel interesante?“, se levanta rápidamente de la silla y le rebana la garganta al presentador, mientras grita: “¡Esto es la muerte! ¡Tu muerte! ¡Me encanta la televisión en directo!“.

 

Ya podían haberle invitado a Dónde Estás Corazón…

El asesino escapa ileso del plató y se cuela en una boda, donde mata a medio centanar de personas. A pesar de la gravedad de la situación, allí sólo acude el detective Renard (en su flamante New Beetle) armado con una pistola.

 

FRASES CUTRES

1: “Ya no conseguimos atrapar a los malos, sólo contamos cadáveres. Soy como el contable de la muerte.” (Detective Renard)

 

2“¿Qué eres, estudiante de derecho? ¿Has oído hablar de la ley de la gravedad?” (Detective Renard, segundos antes de meterle un puñetazo en el estómago a un guardia de seguridad)

 

3: Eric Roberts:- “¿Tenéis algún sospechoso?

 

Michael Paré:- “Bueno, siempre había sospechado que eras gay“.

 

4:- “Te lo juro, a veces me siento como una esponja, absorbiendo tu éxito por osmosis” (un fulano que pasaba por ahí)

 

EN POCAS PALABRAS

Siniestro aburre a un muerto y no sirve ni para una tarde de risas. Su enmarañado argumento se va por las ramas con mil escenas que no aportan nada y sólo despistan, complicando el seguimiento y comprensión de una película que, cuando llega a su momento álgido (en el que parece que van a resolverse todas nuestras dudas), finaliza de repente, dejándote totalmente vendido y con cara de gilipollas. Un inconexo telefilme con pretensiones (al que se le perdió medio guión durante la filmación) que supone una completa pérdida de tiempo.