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Título original: Transformers: Dark of the Moon

País: Estados Unidos

Duración: 154 minutos

La última vez que escribí para esta santa casa, que diría aquél, fue hace casi cinco años. Me despedí (aunque nunca me fui del todo), conTransformers” aquel subproducto oligofrénico y mongoloide del inefable Michael Bay. Pues bien, que mejor que “cerrar el círculo” y volver con la que es la tercera parte de la que ya es por derecho propio una de las peores sagas de la historia del cine.

Si hemos llegado hasta esta tercera parte es por algo obvio: hace mucha pasta. Las recaudaciones de cada una de las entregas, si no me equivoco, han llegado o sobrepasado los 300 millones de dólares en Estados Unidos. Eso sin sumar el famoso merchandising, que habrá dado otra buena cantidad de billetes. Esta vez no voy a meterme con el público que disfruta con semejante excremento, pues ya dejé clara mi opinión en la crítica de la primera parte.

Michael Bay, el director kinki

Este señor, por llamarle de alguna manera, viene a ser lo que en España sería un kinki poligonero y pastillero como el Chucky de Cieza, pero con pretensiones artísticas.

Michael Bay es un terrorista audiovisual al que algún subnormal un día se le ocurrió decirle que esos cortos que hacía con la cámara molaban un huevo, y que por qué no probaba en eso del cine. Bay no se debió convencer del todo, hasta que le dijeron que si era director podría follarse a las mejores tías del mundo. Viendo cómo describe a las mujeres en sus películas, no sería de extrañar.

Bay protege su mejor obra: un huevo frito

Bay ha llegado a su cúspide cinematográfica, y ya ha marcado un estilo propio: si ves una película suya y no sabes quién es el que está detrás de la cámara, un minuto es suficiente para saberlo.

Planos de menos de tres segundos, ralentizaciones sin venir a cuento, pequeños vídeoclips dentro de la propia película, donde se suele ver a los protagonistas a cámara lenta con la canción chusca de alguna estrella pop de moda; discurso del presidente de los USA acompañado de música épica, movimientos de cámara rebuscados…

La mejor forma de afrontar un filme de este tío es tomándose antes biodramina, y para disfrutarlo, un buen tripi con el que seguro el viaje será mucho más divertido. Esta saga de “Transformers” podría proyectarse en una pantalla gigante de alguna discoteca de Ibiza, donde cientos de jóvenes puestos hasta las trancas de toda clase de sustancias se frotan y restriegan al ritmo de algún dj infame. Desde luego, no desentonaría con esa música de mierda.

Bay no hace películas, las excreta. No se para a pensar en si se entiende lo que cuenta, si el espectador es capaz de asimilar tantas imágenes por segundo. Se la suda, a él sólo le preocupan sus doscientos millones de tiros, sus miles de explosiones y sus edificios destruyéndose. Hace mucho tiempo que vio que eso es lo que le funciona, y parece que disfruta rodando esta clase de engendros.

Por fin Bay nos dice la verdad: sólo quiere penetrarnos el cerebro

No quiero ser del todo cruel con Bay, si bien esta tercera parte de los robots espaciales es más de lo mismo, con el mismo esquema que las anteriores, y dirigida de la misma puta manera, voy a romper una lanza a favor del realizador. Y es que he de admitir que sabe rodar acción. Es decir, que se ve que tiene cierto “talento” o inventiva, para conseguir planos espectaculares. Si se centrara más en contar y menos en impresionar y dejara la cámara quieta, puede que consiguiera rodar una batalla en condiciones.

Cuidado, que nadie se equivoque, me parece un cutre de tomo y lomo, pero creo que en películas como “La Roca” demostró que con un guión digno puede hacer algo decente. No obstante, no dudaría en lanzarlo a una jauría de lobos hambrientos si pudiera. Seguro que el mundo del cine lo agradecería.

En “Transformers: el lado oscuro de la Luna”, Bay incorpora un nuevo recurso audiovisual a su ya dilatada carrera: los fundidos a negro. Así, con dos cojones, abusando de esta herramienta para reforzar ciertas escenas dramáticas, que se van cortando por dicho fundido. No le funcionan, pero para él deben de ser lo más cool del mundo.

¿Sería capaz Michael Bay de rodar una película seria? Es decir, una peli donde lo importante fuera el guión, los personajes, lo que se cuenta, sin parafernalia. Rotundamente no. Visto cómo se desenvuelve en las escenas de diálogo de la cinta que nos ocupa, parece imposible. Se ve que las escenas en las que los personajes tienen que hablar para que avance algo el pifostio de trama sin sentido de la película, le dan pereza, le parecen un mero trámite. Él sólo disfruta con la acción desfasada y los efectos digitales.

Los seres humanos están de más, si pudiera, estoy seguro que como Lucas, prescindiría de ellos todo lo posible a la hora de rodar una película. Todo hecho por ordenador y a tomar por culo. Sólo trabajaría con mujeres de buen ver…

Bay, el machista

Lo digo con todas las letras: MACHISTA. A todos nos gusta ver a una tía buena en pantalla, y ya sabemos que en el cine si sale una fea es porque su personaje lo requiere. El problema es que Bay se folla con la cámara a la buenorra de turno, como ya dije en la crítica de la primera parte. Es como una extensión de su polla, la viola en cada plano.

¿A qué esperas para tocarte?

En Transformers 3, lo hace con Rosie Huntington-Whiteley, a la que presenta directamente con un primer plano de su culo cubierto por una fina camisa subiendo las escaleras con las piernas al aire. Aquí el concepto de mujer florero llega a cotas insospechadas.

La actriz, o mejor dicho, modelo que sale en una película porque está buena, sólo está para vestir poca ropa, salir de un coche a cámara lenta para que se vean bien sus interminables piernas y gritar. Con Megan Fox hizo algo parecido, pero con RHW es escandaloso.

El personaje de la novia de Sam, el protagonista humano de la saga, que encarna Shia LaBeouf (a partir de ahora SL), no aporta absolutamente nada a la trama. Ni siquiera tiene la típica escena en la que coge una pistola y consigue salvar a su novio en el último momento. Nada.

Es evidente que el público mayoritario de esta trilogía son hombres entre los 15 y los 25 años que se matan a pajas en casa, pero me parece excesivo que a estas alturas una mujer sea así de humillada en un filme. Desde que aparece la susodicha, Bay se esfuerza por mostrarla con todos los estereotipos posibles, buscando el encuadre más apropiado para que se te ponga dura. Debe pensar que si algún espectador masculino se aburre viendo su engendro, al menos se la puede sacar y tocarse.

Escenas costumbristas

Sin duda son las escenas de “la vida diaria” de los protagonistas lo más divertido de esta hedionda saga. Es en ese día a día de los personajes, donde se demuestra que Bay es un pobre hombre que no sabe rodar ni una conversación.

Todo lo rellena con un humor chusco y desfasado, con personajes como los padres de SL, que más que hacer reír dan vergüenza ajena. La madre, por ejemplo, cree que su retoño tiene problemas de pareja y le regala un libro sobre sexo, en un momento que pretende ser cachondo y distendido, pero que resulta ridículo.

En este filme, SL busca trabajo desesperadamente. Ha salvado el mundo dos veces, pero no parece que eso sirva de mucho para buscar un empleo. Además, es un mantenido que vive a costa de su novia (lo que muchos desearían), pero él no está feliz con dicha situación. Para darle comicidad a esto, Bay nos deleita con un montaje donde se van sucediendo las entrevistas de trabajo, donde es rechazado por cosas como:

SL: Obama me dio hasta una medalla.

Tío de Recursos Humanos: ¿De Obama? Verá aquí casi todos somos republicanos, así que…

A un chino que le entrevista le dice (¿en serio alguien se ha podido reír con esta mierda de diálogo?):

SL: Su rostro inspira confianza, es clavado al del Kentucky Fried Chicken en asiático, un hombre en quien confío.

En fin, como esta película la podría haber escrito alguna tronista de “Mujeres y hombres y viceversa” no seguiré reproduciendo líneas del libreto, porque está plagado de esperpentos como estos. Y otra pregunta que me viene a la cabeza es: ¿Por qué siempre los secundarios tienen que ser extravagantes y graciosos?

Muchos espectadores rezaron en el cine para que en la versión 3D las balas salieran de verdad…

Si hay un compañero chino de SL que quiere avisarle de que hay una amenaza de los Decepticons, tiene que ser un chillón y un demente para llamar la atención. Los padres como ya he mencionado son dos histéricos que no paran de discutir, el John Turturro se dedica a berrear y a hacer el payaso, como en las dos entregas anteriores. Sin embargo, la palma se la lleva… John Malkovich.

No sabemos para qué está, y tampoco importa. Su papel es el de jefe de Sam, otro tarado, el típico jefe cabrón y déspota. Su personaje se nos presenta con un zoom a toda hostia, y desde que abre la boca es para echarse a temblar. Todo acompañado de la típica música de comedieta, por si no te habías enterado de que te tiene que hacer gracia la escena.

La tecnología ya permite que Malkovich saque la mano de la pantalla y te robe tu dinero. Atención a la foto del marco…

Me da pena ver cómo actores respetados como John Malkovich dejan de lado su dignidad y se arrastran en superproducciones para descerebrados por un vulgar fajo de billetes. A lo mejor tiene problemas con Hacienda como Nicolas Cage y tiene que hacer lo que sea por subsistir, aunque lo dudo. Esto es extensible a gente como Frances McDormand que hacer de la típica burócrata con mala hostia, o el ya mencionado John Turturro.

Total, tampoco importa demasiado, ya que los protagonistas de este montón de estiércol son los robots y los efectos especiales, las personas son meras comparsas de éstos.

Revisionismo histórico

No es que lo critique por sí mismo, porque Tarantino lo hizo en “Malditos Bastardos” y todos lo aceptamos como recurso cinematográfico. A fin de cuentas, es una película, es ficción, y puede cambiar la realidad como quiera en función de la historia.

Pero por algún extraño motivo, el revisionismo de “Transformers 3” es demasiado burdo, cutre y chabacano. En este filme descubrimos que el Apolo XI no llegó a la Luna para hacer historia y demostrar que el hombre podía llegar a ésta, sino que la realidad era mucho más siniestra.

Kennedy les manda porque un extraño objeto ha caído en la cara oculta de nuestro satélite (sí, de ahí el latiguillo del nombre), y deben averiguar qué es. Descubriremos que en esa nave viajaba el líder de los Autobots, Sentinel Prime, cuando se libró la guerra en Cibertrón, el planeta de los Transformers y que se estrelló en la Luna.

Para darle más notoriedad a esta memez, aparece en un cameo ridículo el mítico Buzz Aldrin, la segunda persona, tras Neil Armstrong, en pisar la Luna. Y con dos cojones dice que es que les obligaron a guardar el secreto de cuáles eran las verdaderas intenciones del viaje. Entiendo que este señor esté chocho y le haga ilusión salir en una peli para que le vean los nietos, pero a mí me pareció que más que homenajearle se reían de él.

Aldrin observa cómo todo su prestigio se va a la mierda en 10 segundos

Pero el culmen del mal gusto llega cuando Bay nos cuenta que una serie de piezas extraterrestres se encuentran en… Chernóbil. El que una película así use de esta manera un sitio donde hubo la mayor catástrofe nuclear de todos los tiempos, donde murieron miles de personas y que aún sigue dejando secuelas, roza lo querellable.

Repito, acepto que es una película y que tampoco pasa nada, pero de verdad que en manos del gañán del director resulta ofensivo. Y más, si Chernóbil es utilizada para una de las miles de secuencias de acción del filme. No sé qué habrán pensado los ucranianos de esto, pero es para llamar a los rusos y empezar una guerra contra Estados Unidos.

Para hacer esto hay que tener radiación, pero en el cerebro

Argumento

En esta ocasión los malos, los Decepticons, ayudados por Sentinel Prime, que al principio parece bueno, quieren traer Cibertrón a la Tierra y esclavizar a la Humanidad con la ayuda de unos objetos que había en la nave que se estrelló contra la Luna. Sam y los Autobots, acompañados del siempre imprescindible ejército de Estados Unidos lucharán por impedirlo.

Y ya está. ¿A quién coño le importa de qué va esto? ¿Es el argumento a caso por lo que la gente paga 8 euros en el cine? Que esta película esté contada en dos horas y media, cuando podría ser un cortometraje de 20 minutos da vergüenza ajena. Una historia que se resume en cinco líneas no merece tanto metraje, que para una persona normal es una tortura china.

Qué raro, una cadena de extrema derecha prestándose para una película de Michael Bay

Parece que está de moda hacer filmes largos, pero por favor, que esto no es Bollywood, no necesito una cosa de tres horas para salir contento del cine. Si la historia lo requiere perfecto, en una película sobre robots del espacio NO es necesario.

Mi más profunda admiración

El mérito de esta película no recae en su director, un zumbado que coge la cámara y rueda cualquier cosa que se le pasa por su retorcida imaginación, si no en los montadores. Esos profesionales ignorados por el gran público, y que cuando están al servicio de cineastas como Michael Bay, es para ponerles una estatua de oro de 3000 metros que se vea desde el espacio. Se lo han ganado.

Mis felicitaciones en este caso para Roger Barton, William Goldenberg y Joel Negron. Supongo que son tres porque se fueron sustituyendo. El primero se metió un tiro en la sien, el segundo apareció desangrado con las venas cortadas frente al ordenador, y el tercero está ingresado el un pabellón psiquiátrico, donde sólo recita: “Este plano dura demasiado, acórtalo o te despido”.

Montar una película de Michael Bay, lo digo en serio, es para que les den el Oscar todos los años y les otorguen el Nobel de la Paz. Supongo que si puedes con una de este energúmeno, te puedes enfrentar a todo lo que te echen. En serio, unos profesionales como la copa de un pino.

Efectos especiales

Al igual que son unos profesionales de la hostia los que se encargan de los efectos digitales de la cinta. Si hay algo que no se le puede achacar a “Transformers 3” es precisamente eso, que está hecha de manera impecable.

Los robots están perfectamente integrados, y aunque sabes que están generados por ordenador, te los acabas creyendo. La escena en la que el edificio se corta en dos y se viene abajo es sencillamente espectacular a todos los niveles. Lástima que tanto talento y tanto dinero se ponga al servicio de esta nadería, pero al césar lo que es del césar.

Tengo que despedir al hijoputa de mi agente

Esto en una pantalla de cine enorme y si de verdad el 3D está bien aprovechado, es para quedarse con la boca abierta de hasta qué niveles de perfección han llegado los magos de los ordenadores. Pero, como todos sabemos, en una película nos deben contar una historia, y los efectos han de estar siempre al servicio de ésta, aunque por desgracia parece que a Hollywood se le ha olvidado este “pequeño” detalle.

Conclusiones

“Transformers 3” es lo de siempre. Es una película de Michael Bay, tiene los elementos de siempre, las escenas de siempre, los personajes de siempre… Los tiros, las explosiones, la lamida de polla al Ejército sin el que no podríamos vivir, el discurso chusco del presidente.

Sin embargo, por alguna extraña razón, esta tercera parte me ha parecido un poco menos mala que sus hermanas mayores. No sé si es que ya no me coge desprevenido, si me ha dado exactamente lo que esperaba, pero se me ha hecho más soportable. Cacaman me avisó de que la última hora y media de la película era lo mejor de la saga, y puede que tenga razón.

Aún así, es deprimente ver que un producto, porque eso es lo que es esta cinta, un producto de consumo masivo, siga cautivando a los espectadores y reportando cantidades ingentes de pasta.

Léase el siguiente discurso con música épica y la bandera americana de fondo, al más puro estilo Michael Bay:

Sé que cuando uno va a ver algo llamado “Transformers” busca robots dándose de leches y coches volando por los aires. Pero creo que las películas de acción pueden tener más chicha, y no follarse el cerebro del espectador. Es hora de que cierto público exija más a los autores, porque de este modo lo único que hacemos es fomentar que nos den de comer más pienso como si fuéramos sus mascotas.

Esta es la mejor manera de salir del cine ante semenjante morzongo

Me da miedo leer a Oso cuando dice que “Battleship” sigue la estela de Michael Bay y esta trilogía. Que este estilo oligofrénico, hueco y nauseabundo marque tendencia en el cine de acción es lo peor que nos puede pasar. Nos han tomado por tontos, pero no lo somos. Tenemos criterio y debemos exigir a los estudios mucho más, demostrarles que no somos ganado.