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YIPI KA YEY ASTEROIDE. La trama de “Armageddon” es factible según científicos

por en 27 octubre 2021
 

Por legos que seamos en la materia, a nadie se le escapa que el método científico consiste, básicamente, así a lo bruto, en ensayo-error. Así hasta que se llegue a ese hallazgo que cambie por completo la historia de la humanidad o, al menos, consiga que a más de uno le renueven la beca. Por el contrario, nuestro amado “cine cutre” también recurre a eso del ensayo-error… Pero generalmente, para nuestro goce y jocosidad, se queda siempre en lo segundo. Es decir, en el error puro y duro.

Pero ha llegado un momento en que, parafraseando a los clásicos, los mundos chocan, en que cine y ciencia se alían en un retorcido cortejo. Más de un listo de la clase, de esos que se sientan en el banco de delante, recordará, por ejemplo, el caso de las escafandras de “Esfera” (1998) y cómo su original modo de soltar las burbujas de oxígeno influyó en los equipos reales; pero el asunto va un paso más allá. Aquí llega la revelación: científicos de la Universidad Johns Hopkins han probado que el modo de enfrentarse a una amenaza cósmica como la que presenta “Armageddon” (1998) es viable. Algo curioso, teniendo en cuenta la manera en que su director, Michael Bay, se ha enfrentado a hechos históricos como pudimos ver en ” Pearl Harbor” (2001) o la muy recomendable ” Dolor y dinero” (2013), por mucho que se empeñe en recalcar que “esto pasó de verdad”. Digno del mundo al revés.

Para aquellos a los que hayan ignorado durante los últimos años las tendencias del cine comercial o, simplemente, hayan pasado unas cuantas décadas viviendo como anacoretas en una cueva, recordamos que este bombazo del cine de los noventa, presentaba la épica batalla de un grupo de perforadores petrolíferos por salvar el planeta Tierra de un gigantesco piedro sideral, con un sistema al más puro estilo Wile E. Coyote; es decir, hacerle un agujero y depositar en él un petardo de varios megatones. Vamos, que más allá de la exploración de combustibles fósiles, no estamos hablando de “Gigante” (1956) precisamente.

Al frente del invento estaba un Bruce Willis que, amén de afrontar con entereza que se estaba quedando calvo, seguía demostrando su solvencia como héroe de acción. En el camino, el respetable asistía estupefacto a escenas tan indescriptibles como aquella en la que Ben Affleck, al que todavía le preguntaban donde había dejado a Matt Damon (punto extra si se pronuncia a lo “Team America”), intentaba seducir a la Liv Tayler pre-Arwen, imitando a Rodríguez De La Fuente con una galleta. mientras sonaba una canción del padre biológico de la misma a grito pelado.

Aunque por suerte no ha llegado el momento de que los estudiosos del comportamiento humano se planteen siquiera analizar esa otra parte de la película, este hallazgo abre un amplio campo de posibilidades. Ahora que la vida imita al séptimo arte, podríamos ir más allá de esos reportajes donde se estudia si las amenazas de los filmes de Roland Emmerich -ese cineasta empeñado en arrasar EE.UU. en particular y la Tierra en general cada pocos años-, son plausible.  Es el momento de adentrarnos en terrenos más procelosos y averiguar la respuesta a determinadas preguntas, como por ejemplo, cuál es la manera más eficaz de acabar con una Lavalántula, cuántos velocipastors hacen falta para cambiar una bombilla o si es posible que el material más duro del universo sea la jeta de cierto actor que responde las siglas T.W. (“You’re tearing me apart”, ya ves). Sin duda, la ciencia no es un mero libro de colegio con una portada tirando a fea o una disciplina al servicio de millonarios que anhelan viajar en fálicas aeronaves al espacio…. Es mucho más, y es maravillosa. Soñemos.

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